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¿Por qué algunos hijos tienen un peso similar al de sus padres?: ésta es la relación

Estos datos podrían tener implicaciones para las intervenciones que buscan controlar el IMC infantil mediante la modificación del peso parental

¿Por qué algunos hijos tienen un peso similar al de sus padres?: ésta es la relación
Un niño con obesidad.
Diego Buenosvinos

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Un estudio internacional concluye que la relación entre el peso de los padres y el de sus hijos se explica principalmente por factores genéticos, más que por un efecto directo del peso materno durante el embarazo. Así, el trabajo analizó datos de 86.000 niños de una cohorte noruega y encontró que la herencia genética explicaría alrededor del 79% de la relación entre el IMC materno y el infantil, y hasta el 94% en el caso del padre.

Aunque el peso de la madre sí influye en el peso al nacer, los investigadores señalan que después del nacimiento la influencia genética parece tener un papel dominante. Los autores destacan que esto no significa que la obesidad infantil sea inevitable, ya que el entorno, los hábitos y el estilo de vida pueden modificar la expresión de esa predisposición genética.

En este sentido, la relación entre el índice de masa corporal (IMC) de los padres y el IMC infantil de sus hijos puede deberse principalmente a la herencia genética, más que a cualquier efecto biológico directo del peso de los padres durante el embarazo, según un nuevo estudio de la Universidad de Bristol, Reino Unido y la Universidad de Queensland, Australia, entre otros.

Publicado en la revista de acceso abierto PLOS Medicine, el trabajo establece que un IMC parental elevado se asocia consistentemente con un IMC infantil más elevado. A los investigadores les ha resultado difícil determinar qué parte de esta asociación se debe a la genética y qué parte a los efectos biológicos del peso materno durante el embarazo.

Esto podría tener implicaciones para las intervenciones que buscan controlar el IMC infantil mediante la modificación del peso parental antes de la concepción.

Para ahondar en esta cuestión, los investigadores analizaron datos del Estudio de Cohorte de Madres, Padres e Hijos de Noruega, una cohorte de nacimiento prospectiva de niños nacidos entre 1999 y 2009. El conjunto de datos contenía información sobre 86.000 niños, incluyendo su peso al nacer y su IMC desde los seis meses hasta los ocho años de edad, así como sus hábitos alimentarios relacionados con el apetito a los ocho años. Los investigadores examinaron las relaciones entre gemelos, hermanos y medio hermanos a lo largo de varias generaciones para cuantificar directamente en qué medida la asociación entre el IMC de padres e hijos podía atribuirse a factores genéticos.

El IMC materno se asoció más fuertemente con el peso al nacer de la descendencia que el IMC paterno, lo que concuerda con un efecto del peso corporal materno sobre el peso al nacer a través del entorno intrauterino. Sin embargo, después del nacimiento, las asociaciones del IMC materno y paterno con el IMC de la descendencia fueron en general similares desde los dos hasta los ocho años. Los modelos mostraron que los efectos genéticos explicaban aproximadamente el 79% de la asociación estadística entre el IMC de una madre y el IMC de su hijo a los 8 años, y el 94% de la asociación para los padres.

Sobrealimentación emocional

Un IMC parental más alto también se asoció con conductas alimentarias relacionadas con la obesidad en los niños, incluyendo una mayor reactividad a la comida y sobrealimentación emocional, aunque el estudio no pudo determinar de manera concluyente cuánto de esto era de origen genético.

Los autores advierten que estos hallazgos no respaldan la idea de que la obesidad infantil sea inevitable en hijos de padres con sobrepeso. Los niños que heredan una predisposición genética a un IMC elevado pueden expresar esos genes de manera diferente según su entorno. Los autores también señalan que los resultados no contradicen la importancia de la salud materna durante el embarazo. Está comprobado que la obesidad materna aumenta el riesgo de resultados perinatales adversos tanto para la madre como para el niño.

«Nuestros resultados podrían tener importantes implicaciones para la salud pública, si se consideran junto con la evidencia previa», escriben los autores. «Es poco probable que el IMC materno tenga un gran efecto causal sobre el IMC infantil más allá del nacimiento y cualquier efecto causal del IMC paterno sobre el IMC infantil de la descendencia probablemente sea similar o menor que el del IMC materno. En consecuencia, es poco probable que las reducciones en el IMC de cualquiera de los padres antes del embarazo provoquen grandes reducciones en la adiposidad infantil».

Tom Bond, de la Universidad de Bristol concluye: «La obesidad es hereditaria, pero es difícil determinar la razón. Nuestros resultados sugieren que la relación entre el índice de masa corporal (IMC) de la madre o el padre y el IMC de sus hijos hasta los 8 años se debe principalmente a la herencia genética. Se debe alentar a los futuros padres a mantener un peso saludable, pero esto podría no ser suficiente para garantizar que sus hijos también lo tengan».

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