Todo lo que necesitas saber sobre la muerte súbita
Este síndrome se desencadena principalmente por una arritmia cardíaca
La muerte súbita es la aparición inesperada y repentina de una parada cardíaca en personas que aparentemente tienen un buen estado de salud. Su causa principal es la llamada fibrilación ventricular, una arritmia cardíaca que provoca en el corazón la incapacidad de bombear sangre, desplomando la presión arterial y paralizando la circulación. Sin embargo, este terrible desenlace tiene su origen también en una bradicardia o en una taquicardia ventricular, entre otras.
El síndrome de muerte súbita sigue unos pasos que pueden alertar a aquellos que se encuentran cerca de la víctima. En primer lugar, esta perderá el pulso y, en pocos segundos, el conocimiento y la capacidad de respirar. Si el paciente no recibe atención médica inmediata, el fallecimiento llegará tan solo unos minutos después. Afortunadamente, en algunos casos, la reanimación cardiopulmonar rudimentaria puede conseguir que la arritmia desaparezca y el individuo recupere la consciencia.
Síntomas previos a la muerte súbita
Como ya hemos explicado con anterioridad, la muerte súbita ocurre de manera abrupta y no responde a ningún tipo de estímulo. No obstante, existen pequeños detalles que aportan pistas sobre lo que está ocurriendo en realidad:
- Pérdida del conocimiento
- Ausencia de respuesta ante cualquier estímulo
- Parada respiratoria o fuerte dolor en el pecho
- Antecedentes familiares de muerte cardíaca repentina
- Cambio de color en la piel del paciente. Esta pasa de un tono rosado a un azul violáceo.
¿Cómo podemos reaccionar ante este ataque?
La desesperación es tal que cualquier tipo de respuesta puede marcar la diferencia. Mientras esperamos a que llegue el equipo de urgencias y le administre el tratamiento adecuado, es muy importante que comprobemos si el paciente tiene algún tipo de respuesta física, por ejemplo, moviendo suavemente sus extremidades. Si la víctima se encuentra ya en parada respiratoria, debemos realizar las técnicas de reanimación cardiopulmonar convenientes. Pero nunca el boca a boca, un método que aquí resulta insuficiente.
Según explica la Fundación Española del Corazón, este masaje cardíaco consiste en hacer compresiones con ambas manos sobre el esternón del paciente. Los brazos deben estar en ángulo recto en relación a su cuerpo. Dicha compresión debe realizarse hacia abajo, unos 4 o 5 centímetros, y a una frecuencia aproximada de cien veces por minuto. Todo ello, con las mínimas interrupciones posibles y hasta que el paciente recupere el conocimiento o por fin llegue la asistencia médica.
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