Los médicos expertos avisan: esa arruga que te ha salido después del verano podría no ser un arruga e instan a consultarlo con expertos
La deshidratación se produce fundamentalmente cuando la piel presenta un contenido de agua insuficiente

Fact checked
Este artículo de OkSalud ha sido verificado para garantizar la mayor precisión y veracidad posible: se incluyen, en su mayoría, estudios médicos, enlaces a medios acreditados en la temática y se menciona a instituciones académicas de investigación. Todo el contenido de OkSalud está revisado pero, si consideras que es dudoso, inexacto u obsoleto, puedes contactarnos para poder realizar las posibles modificaciones pertinentes.
Tirantez, falta de luminosidad y pequeñas líneas más marcadas pueden aparecer cuando la piel pierde agua. La doctora Ana Huertas explica por qué no es lo mismo una piel deshidratada que una piel que ha perdido calidad y advierte de que tratar ambas de la misma manera es un error.
Granada, septiembre de 2026. Septiembre puede traer una sorpresa al mirarnos al espejo. Después de varias semanas de calor, sol, playa, piscina y cambios de hábitos, algunas líneas parecen haberse marcado; la piel puede estar más apagada y la textura puede sentirse diferente. La primera conclusión suele ser que el verano nos ha envejecido la piel, pero no siempre es así.
El calor, una mayor exposición solar, el agua del mar, el cloro, el aire acondicionado e incluso los cambios en nuestros hábitos pueden alterar la función barrera y favorecer una mayor pérdida de agua. Por eso, al terminar el verano es frecuente notar la piel más tirante, áspera, sensible o con pequeñas líneas superficiales más visibles.
La doctora Ana Huertas, especialista en Medicina Estética y Regenerativa, considera importante diferenciar entre deshidratación y pérdida de calidad cutánea, ya que no son lo mismo y tampoco tienen por qué requerir el mismo abordaje.
«La deshidratación es fundamentalmente un estado; la pérdida de calidad cutánea implica cambios más estructurales», explica Huertas.
Una piel grasa también puede estar deshidratada
La deshidratación se produce fundamentalmente cuando la piel presenta un contenido de agua insuficiente. Puede manifestarse mediante tirantez, descamación fina, sensibilidad, aspecto apagado o pequeñas líneas superficiales que temporalmente se hacen más visibles.
Y existe una confusión habitual: asociar deshidratación exclusivamente con piel seca. Una persona con piel grasa también puede tener la piel deshidratada, porque ambos conceptos hacen referencia a cuestiones diferentes.
Por eso, encontrarnos después del verano con líneas más marcadas no significa necesariamente que hayan aparecido nuevas arrugas estructurales.
¿Cuándo puede haber algo más que falta de hidratación?
La diferencia empieza a ser importante cuando determinados cambios persisten. Cuando existe una pérdida de calidad cutánea pueden aparecer modificaciones más complejas, como una disminución persistente de la elasticidad y la firmeza, alteraciones en la textura, pigmentación irregular o signos de fotoenvejecimiento que no desaparecen simplemente al recuperar una hidratación adecuada.
Además, no todo lo ocurrido durante el verano puede atribuirse a la pérdida de agua. La radiación ultravioleta tiene un efecto acumulativo: genera estrés oxidativo e inflamación y puede producir alteraciones en estructuras como el colágeno y la elastina, además de favorecer cambios en la pigmentación. Una parte puede hacerse visible mediante manchas, cambios de textura o pérdida progresiva de elasticidad, mientras que otra no tiene por qué manifestarse inmediatamente.
De ahí que septiembre pueda ser un buen momento para observar la evolución de la piel antes de lanzarse a tratar cada cambio que encontramos frente al espejo.
El error de querer solucionarlo todo inmediatamente
Una de las tentaciones después del verano es intentar acelerar esa recuperación incorporando numerosos productos o tratamientos al mismo tiempo.
Ácidos, exfoliantes, retinoides, vitamina C en concentraciones elevadas, mascarillas… Ana Huertas advierte de que acumular estímulos sobre una piel que ya está sensibilizada puede conseguir precisamente el efecto contrario al que buscamos.
«La piel tiene sus propios tiempos biológicos y más estímulo no significa necesariamente más regeneración», señala.
Cuando existe sensibilización, la especialista recomienda recuperar primero una barrera cutánea competente y, posteriormente, introducir de manera progresiva aquellos activos o tratamientos que estén realmente indicados.
Entonces, ¿cómo saber si es deshidratación?
La evolución puede darnos información. Si al recuperar una hidratación adecuada y la función barrera mejoran la tirantez, la sensibilidad, el aspecto apagado o esas pequeñas líneas superficiales, estaríamos ante cambios compatibles con un estado de deshidratación.
Si, por el contrario, determinadas alteraciones persisten, Huertas recomienda valorar qué está ocurriendo antes de decidir cómo tratarlas.
«Si después de recuperar una buena hidratación y función barrera determinadas alteraciones persisten, puede ser recomendable realizar una valoración médica para determinar qué está ocurriendo y qué estrategia tiene sentido en ese caso concreto», explica.
Porque no todo lo que parece envejecimiento al mirarnos al espejo responde necesariamente al mismo proceso. Y distinguir entre un estado temporal de la piel y cambios más estructurales puede evitar que intentemos solucionar con más productos algo que, antes que nada, necesita ser comprendido.