Un medicamento para la epilepsia refuerza la respuesta inmunitaria inducida por las vacunas
Proponen usarlo en personas mayores e inmunocomprometidas
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Un equipo de científicos coordinado por expertos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) acaba de mostrar que un medicamento para la epilepsia puede duplicar el número de anticuerpos frente a la gripe que se producen en el cuerpo después de recibir la vacuna. En el caso de los glóbulos blancos específicos frente al virus de la gripe, llamados linfocitos T CD8, que eliminan células infectadas, los niveles llegan a multiplicarse por diez.
Las vacunas ayudan a proteger a los individuos de las infecciones facilitando al sistema inmunitario la identificación de patógenos invasores, tales como bacterias y virus, y su eliminación. No obstante, en personas cuyo sistema inmunitario está debilitado por efecto de una enfermedad o por su edad, es posible que no sean tan eficaces, lo que hace necesario administrar dosis sucesivas ‘de recuerdo’ para mantener la protección.
Estimular la ‘memoria’ del sistema inmunitario, ayudando a garantizar que será capaz de reconocer y responder a los patógenos causantes de enfermedad durante más tiempo, sería una forma de incrementar la eficacia de las vacunas. Las respuestas más sostenidas en el tiempo están asociadas lógicamente con menores tasas de infección y, para quienes contraen la enfermedad, un curso más favorable.
Una forma común de estimular la memoria inmunitaria es el empleo de adyuvantes, componentes de las vacunas que tienen como objetivo aumentar el alcance y la duración de la respuesta a las vacunas.
Medicamentos ya conocidos
En los últimos años, los científicos han empezado a explorar la posibilidad de que algunos medicamentos que ya se conocen y de los cuales se sabe que son seguros porque se han llevado a cabo ensayos clínicos con ellos podrían reutilizarse para tratar otras enfermedades. Ahora, en un artículo publicado en la revista Nature Communications, los expertos de Cambridge han presentado los resultados de su investigación sobre el uso de diversos medicamentos como adyuvantes, sobre todo para personas cuyo sistema inmunitario se encuentra debilitado.
Eoin McKinney, profesor de dicha universidad y director del estudio, ha indicado: «Las vacunas nos protegen enseñando a nuestro sistema inmunitario a recordar los virus o bacterias para que podamos responder de forma rápida si nos vemos expuestos a ellos de nuevo. Para muchas personas, no obstante, las vacunas no funcionan tan bien como desearíamos, así que necesitamos encontrar otras formas de aumentar su eficacia de forma segura».
Su equipo comparó el perfil genético de células de memoria inmunológica con datos que muestran cómo las células humanas modifican su actividad (genética) cuando se exponen a un total de más de 30.000 medicamentos y sustancias químicas. Así vieron que un tipo de fármacos llamados inhibidores de la lisina deacetilasa (también conocidos por las siglas KDAC) hacen que las células se comporten como células de memoria inmunológica.
Después, tomaron linfocitos T obtenidos de muestras de donantes sanos y los reprogramaron para que reaccionaran ante virus. Trataron esas células con dosis bajas de KDAC y observaron sus cambios en el transcurso de varios días.
Un fármaco concreto, administrado en dosis muy bajas, destacó sobre los demás: el valproato de sodio, que se usa en dosis mucho más elevadas para tratar la epilepsia. Su efecto era una reprogramación de las células.
Respuesta inmunológica más potente
En ratones expuestos al virus de la gripe o covid mediante vacunas, añadir valproato tuvo como resultado una respuesta inmunológica mucho más potente y una recuperación de la enfermedad mucho más rápida que la observada en ejemplares a los que no se administró el medicamento.
En la última fase de la investigación, los resultados se confirmaron en 74 adultos sanos que recibieron la vacuna frente a la gripe. A algunos se les dio una dosis de valproato que es el 5% de la que se usa en casos de epilepsia, a otro grupo se les administró una dosis equivalente al 10%, mientras que otros (el grupo de control) recibieron únicamente la vacuna. La respuesta inmunitaria fue mejor en los dos primeros grupos, sin que se presentaran los efectos secundarios propios del fármaco administrado a dosis más altas.