Huevos en verano: los errores que pueden favorecer una intoxicación alimentaria
La refrigeración adecuada y una correcta higiene en la cocina son fundamentales durante los meses de calor
Las preparaciones con huevo requieren especial atención y deben consumirse cuanto antes
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El verano es una de las épocas del año en las que más se extreman las recomendaciones de seguridad alimentaria. El aumento de las temperaturas acelera la multiplicación de bacterias en los alimentos cuando no se mantienen unas condiciones adecuadas de refrigeración e higiene. Lo que incrementa el riesgo de intoxicaciones alimentarias.
Así, la ingeniera agrónoma y directora del Instituto de Estudios del Huevo, Mar Fernández Poza, explica a OKSALUD que el calor favorece el crecimiento de bacterias patógenas, por lo que las buenas prácticas de manipulación y conservación adquieren una importancia especial durante estos meses. Y, en el caso del huevo, recuerda que el producto que llega a los hogares procede de granjas sometidas a controles que garantizan su seguridad alimentaria.
No obstante, subraya que se trata de un alimento fresco, sin transformar ni tratar, cuya fecha de consumo preferente es de 28 días desde la puesta. Para mantener sus condiciones óptimas durante ese periodo, recomienda guardarlo en el frigorífico nada más llegar a casa y mantenerlo alejado de otros alimentos que puedan contaminarlo. La experta insiste en que, como ocurre con otros alimentos frescos muy nutritivos, el huevo puede convertirse en un medio adecuado para el crecimiento de microorganismos si no se manipula y conserva correctamente.
Los errores más comunes
Entre los errores más frecuentes que se cometen en los hogares durante el verano destaca dejar los huevos o las preparaciones elaboradas con huevo fuera del frigorífico durante demasiado tiempo. También recuerda la importancia de mantener una correcta higiene de manos, utensilios y superficies de trabajo para evitar contaminaciones cruzadas.
Fernández Poza señala que tampoco es aconsejable colocar una tortilla ya cocinada en el mismo plato utilizado previamente para batir los huevos sin haberlo limpiado antes. Del mismo modo, recomienda no cascar los huevos directamente en el recipiente donde se van a batir para evitar que pequeños fragmentos de cáscara puedan caer en la mezcla.
Las elaboraciones con huevo poco cocinado requieren especial vigilancia. La directora del Instituto de Estudios del Huevo explica que tortillas poco cuajadas, huevos fritos, mayonesas, cremas pasteleras o natillas no alcanzan temperaturas internas de 75 grados, por lo que deben consumirse inmediatamente tras su preparación o conservarse en refrigeración y consumirse dentro de las 24 horas siguientes.
La conservación de los huevos dentro del frigorífico también tiene sus particularidades. La experta aconseja mantenerlos en las baldas centrales y dentro de su envase original. De esta forma, se evitan los cambios bruscos de temperatura que suelen producirse en la puerta del frigorífico, un lugar donde habitualmente se colocan los huevos pese a no ser el más adecuado. Además, recomienda sacar únicamente los huevos que se vayan a utilizar en cada momento para evitar la formación de condensación sobre la cáscara debido al contraste entre el frío y el calor.
La higiene, lo más importante
En verano, platos como la ensaladilla rusa, los huevos rellenos o las mayonesas caseras son habituales en muchas mesas. Para elaborarlos con seguridad, Fernández Poza insiste en la necesidad de extremar la higiene durante todo el proceso, desde la preparación hasta el consumo.
En el caso de las mayonesas y otras salsas caseras elaboradas con huevo, explica que añadir vinagre o limón puede ayudar porque las bacterias se multiplican con mayor dificultad en medios ácidos. Asimismo, recomienda preparar este tipo de platos lo más cerca posible del momento en que se van a consumir y mantenerlos refrigerados hasta servirlos.
Las comidas al aire libre, excursiones y picnics añaden un desafío adicional: conservar los alimentos a una temperatura segura durante todo el trayecto. Para ello, la especialista aconseja utilizar neveras portátiles o bolsas isotérmicas y evitar exposiciones prolongadas al calor, especialmente cuando se trata de preparaciones que no han sido sometidas a tratamientos térmicos intensos o que se consumen frías.
También recomienda optar, siempre que sea posible, por recetas más estables, como los huevos cocidos, o preparar los alimentos justo antes de salir. Según concluye, una correcta planificación, el mantenimiento de la cadena de frío y unas adecuadas medidas de higiene permiten disfrutar de los alimentos elaborados con huevo con total seguridad también durante los meses más calurosos del año.