Éstos son los alimentos que si se toman juntos te protegen de las enfermedades neurodegenerativas
La dieta mediterránea, aliada frente al envejecimiento y las enfermedades crónicas
A nivel celular, los antioxidantes presentes en esta dieta ayudan a reducir el estrés oxidativo y preservar la longitud de los telómeros
España se mantiene entre los países con mayor esperanza de vida del mundo, con una media de 83,2 años, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Este liderazgo no es casual: detrás de él se encuentran factores como el acceso a un sistema sanitario robusto y, sobre todo, estilos de vida saludables donde la dieta mediterránea juega un papel protagonista.
«La dieta mediterránea no es solo un patrón alimentario, es una forma de vivir que protege nuestro cuerpo desde dentro y nos permite llegar a edades avanzadas con calidad de vida», afirma la Dra. Susana Monereo, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Ruber Internacional. «Desde el punto de vista endocrino y metabólico, es una herramienta preventiva poderosa contra el envejecimiento prematuro y las enfermedades crónicas».
Y es que los retos en salud pública son evidentes. Más del 37% de los adultos españoles presentan sobrepeso y cerca del 17% padece obesidad. En la infancia, los datos del estudio ALADINO 2019 muestran que el 40% de los niños entre 6 y 9 años tiene exceso de peso.
Frente a este panorama, la dieta mediterránea se posiciona como una solución de alto impacto. Numerosos estudios, entre ellos el PREDIMED, han demostrado que seguir este modelo alimentario puede reducir en más de un 30% los eventos cardiovasculares mayores, como infartos o ictus. «La combinación de aceite de oliva virgen extra, frutas, verduras, pescado azul y frutos secos crea un entorno metabólicamente favorable que reduce la inflamación crónica, mejora la sensibilidad a la insulina y protege frente a enfermedades neurodegenerativas», explica la doctora.
Más que una dieta: una forma de vida
La dieta mediterránea no solo destaca por su eficacia clínica, sino también por su sostenibilidad. Su base en productos vegetales, de temporada y locales la convierte en una opción respetuosa con el medio ambiente. Además, al no ser una dieta restrictiva, favorece la adherencia a largo plazo. «No se trata de prohibir, sino de elegir bien: comer en familia, moverse a diario, descansar y cultivar vínculos afectivos. Todo eso también es salud», subraya la Dra. Monereo.
Este enfoque integral tiene un impacto directo sobre el envejecimiento saludable. A nivel celular, los antioxidantes presentes en esta dieta ayudan a reducir el estrés oxidativo y preservar la longitud de los telómeros, un marcador de juventud celular. A nivel hormonal, mejora el perfil lipídico, regula la secreción de insulina y preserva la función tiroidea y suprarrenal.
Estudios recientes han evidenciado incluso un efecto epigenético positivo: los nutrientes de la dieta mediterránea pueden modificar la expresión de genes relacionados con la longevidad sin alterar el ADN. «Estamos hablando de una dieta que puede reprogramar nuestro organismo hacia un envejecimiento más lento», apunta la especialista.
Pero los beneficios de la dieta mediterránea van más allá de lo físico. La Dra. Susana Monereo destaca un aspecto menos visible, pero igual de poderoso: el vínculo social. «En España, el contacto intergeneracional es frecuente: abuelos, padres e hijos comparten tiempo, comidas y experiencias. Ese tejido emocional protege la salud mental y regula hormonas clave como el cortisol, que, si se mantiene elevado por estrés o soledad, puede acelerar el deterioro metabólico».
Este entorno afectivo actúa como un modulador hormonal natural, disminuyendo la inflamación crónica de bajo grado —conocida como «inflammaging»—, uno de los principales aceleradores del envejecimiento.
Más prevención, menos enfermedad
La evidencia es clara, pero su aplicación aún es insuficiente. Solo un 36% de los adultos españoles cumple con los niveles mínimos de actividad física recomendados. Por eso, la Dra. Monereo defiende un enfoque multidisciplinar: Es fundamental que la dieta mediterránea se mantenga y se modernice. No solo como herencia cultural, sino como política de salud pública. Educación, sanidad, urbanismo y ciudadanía debemos remar en la misma dirección para que este modelo siga vivo».
La conclusión para la doctora es rotunda: conservar y actualizar la dieta mediterránea es una inversión en futuro. Una hoja de ruta efectiva, sostenible y científicamente avalada para combatir las enfermedades crónicas, promover la autonomía funcional en la vejez y asegurar una longevidad con calidad.
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