Dra. Miriam Piqueras: «Una dieta de fruta, verduras y caldos puede quedarse corta en proteínas para los mayores»
Este cambio en la dieta suele asociarse a una alimentación fresca y aparentemente equilibrada

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Durante esta época de buenas temperaturas, muchas personas mayores reducen el apetito y tienden a elegir comidas frías, rápidas y muy ligeras como el gazpacho, la fruta o las ensaladas. A pesar de que estas son opciones saludables e hidratantes, pueden dejar fuera nutrientes esenciales si se convierten en la base casi exclusiva de la alimentación diaria.
Este cambio en la dieta suele asociarse a una alimentación fresca y aparentemente equilibrada. Sin embargo, en la población mayor, mantener un aporte adecuado de proteínas es clave para conservar la masa muscular, la fuerza y la capacidad funcional. De lo contrario, la pérdida progresiva de músculo acaba afectando tanto a la movilidad como a la recuperación ante una enfermedad o un ingreso hospitalario.
«Es frecuente que las personas mayores coman menos porque el calor reduce el apetito o porque les resultan más apetecibles platos fríos. El problema aparece cuando esa ligereza desplaza alimentos necesarios para mantener la fuerza. Por lo tanto, no se trata de comer más cantidad, sino de asegurar que cada comida tenga suficiente valor nutricional», explica Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.
En este sentido, la proteína es fundamental porque, además de intervenir en el mantenimiento del tejido muscular, participa en la reparación celular y el correcto funcionamiento del sistema inmunitario. Una dieta basada únicamente en verduras, frutas o caldos fríos se queda corta si no incorpora fuentes proteicas de calidad. De hecho, si existe pérdida de apetito, cualquier restricción innecesaria tiene un impacto mayor.
«El gazpacho, las ensaladas o la fruta son buenos aliados frente a las altas temperaturas, pero necesitan compañía. Se puede enriquecer una comida fría con huevo cocido, pescado azul, pollo, legumbres, queso fresco, yogur natural o frutos secos triturados, según la tolerancia de cada persona. Son gestos sencillos que ayudan a que el plato sea fresco al mismo tiempo que completo», añade Nuria Cañas, nutricionista de Blua de Sanitas.
Ante esta situación, los expertos de Sanitas Mayores recomiendan una serie de pautas con el objetivo de cuidar el aporte proteico durante los días de calor:
Adaptar las texturas. Cuando existen dificultades para masticar o tragar, una buena opción pueden ser los purés, pescados blandos, huevos revueltos, lácteos o legumbres trituradas para facilitar la ingesta sin perder calidad nutricional.
Aprovechar el desayuno. En muchas ocasiones la población mayor come menos al final del día, por lo que conviene emplear las primeras horas para incluir leche o yogur y acompañarlo, por ejemplo, de una tostada con pavo, huevo o atún.
Apostar por raciones pequeñas, pero más nutritivas. En caso de que haya poco apetito, conviene evitar platos muy abundantes y priorizar preparaciones concentradas en nutrientes. Por ejemplo, una ensalada pequeña puede completarse con bonito, garbanzos o pollo desmenuzado; o un plato de fruta acompañarse de unas almendras molidas o cremas de frutos secos 100%.
Evitar que la fruta sea siempre la cena. Es una buena opción como postre o merienda, pero si sustituye de forma habitual a una comida completa desplaza proteínas necesarias para mantener fuerza y funcionalidad.
«Señales como menor fuerza al levantarse, cansancio persistente, pérdida de peso involuntaria o menor estabilidad al caminar indican que la alimentación no está cubriendo las necesidades reales de la persona. En este punto, conviene consultar con un profesional, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta, puesto que a veces basta con pequeños ajustes, pero deben hacerse a tiempo y adaptados a la situación clínica de cada persona», concluye la nutricionista de Blua de Sanitas.