Dolor de huesos en hombres mayores: señal de alarma del cáncer de próstata metastásico
Los mayores de 75 años representan casi una cuarta parte de los diagnósticos, pero habitualmente quedan fuera de los programas de detección precoz
El cáncer de próstata es el segundo más diagnosticado entre los hombres a nivel mundial, con más de 1,5 millones de casos nuevos al año. Sin embargo, sigue sin contar con la visibilidad y estrategias de prevención adecuadas, especialmente entre los mayores de 75 años, grupo que representa casi una cuarta parte de los diagnósticos pero que habitualmente queda fuera de los programas de detección precoz.
Las principales guías clínicas, tanto europeas como españolas, recomiendan realizar la primera prueba de PSA a partir de los 50 años en hombres sin factores de riesgo. En casos con antecedentes familiares de cáncer de próstata, el seguimiento debe iniciarse a los 45, y en aquellos con mutaciones genéticas conocidas, desde los 40 años.
Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Próstata, la Dra. Ángeles Sanchís Bonet, especialista en urología oncológica del equipo Ramírez Urología del Hospital Ruber Internacional, advierte sobre la necesidad de incluir a los hombres mayores en los programas de detección precoz, ya que muchos de ellos reciben un diagnóstico de cáncer de próstata en fases avanzadas. «Muchos llegan con metástasis ósea, cuando el tumor ya se ha extendido fuera de la próstata. Es una situación que vemos con demasiada frecuencia», señala la doctora.
Los mayores llegan tarde
La Dra. Sanchís subraya que en España los hombres ya superan los 80 años de esperanza de vida, lo que hace más urgente incluir a los mayores en los protocolos de detección. «El dolor óseo nuevo en un varón mayor debe ser una señal de alarma. Puede ser el primer signo de una metástasis por cáncer de próstata», advierte.
A pesar de los avances en diagnóstico, como la resonancia magnética y las biopsias de alta precisión por fusión de imagen, la doctora insiste en que los mayores siguen llegando tarde. “Ya no se trata de diagnosticar más, sino de diagnosticar mejor, detectando tumores que pueden tener un impacto en la supervivencia del paciente”, subraya la especialista. «Disponemos de tecnologías punteras, pero necesitamos aplicarlas antes, no cuando ya es demasiado tarde», afirma.
La situación se agrava cuando se trata de tratamientos: las opciones existen, pero los efectos secundarios, las patologías asociadas y la edad dificultan la aplicación de terapias agresivas. Aun así, la doctora mantiene una visión optimista: «Muchos pacientes mayores pueden convivir con su enfermedad, si reciben un tratamiento adaptado a su salud general».
Casos como el del expresidente estadounidense Joe Biden, que ha hecho público su diagnóstico, están contribuyendo a dar visibilidad a una enfermedad históricamente silenciada. «Que figuras públicas hablen de ello tiene un gran valor. Lo mismo ocurrió con el cáncer de mama: la visibilidad marcó la diferencia», concluye Sanchís.
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