Del cuello a la espalda: un experto explica por qué el aire acondicionado puede provocar contracturas
Pasar muchas horas en oficinas, transporte o espacios cerrados climatizados incrementa el riesgo de rigidez y sobrecarga muscular
Los especialistas explican que los contrastes térmicos constantes dificultan la correcta regulación del organismo y favorecen molestias físicas
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Aunque muchas personas relacionan las contracturas veraniegas con «haber cogido frío», los fisioterapeutas explican que detrás de estas molestias puede estar el aire acondicionado. El motivo es que existe un mecanismo fisiológico relacionado con la termorregulación del cuerpo. Alba Hernández, fisioterapeuta y entrenadora personal de David Lloyd Clubs, señala a OKSALUD que el aire acondicionado por sí solo no suele generar lesiones musculares, pero sí puede favorecerlas cuando existe una exposición continuada a corrientes frías.
La experta detalla que el organismo intenta conservar el calor corporal mediante una contracción refleja de la musculatura, lo que termina reduciendo el riego sanguíneo en determinadas zonas. Precisamente, esa disminución de la circulación dentro del músculo puede acabar favoreciendo rigidez, sobrecarga y dolor.
Cuello, hombros y lumbares
Las zonas más afectadas suelen coincidir, además, con aquellas más expuestas durante el verano. Hernández apunta especialmente al cuello, los hombros y la zona lumbar, áreas que normalmente quedan menos cubiertas por la ropa y reciben directamente el chorro de aire frío.
En la misma línea, la fisioterapeuta Ana Iglesias explica a OKSALUD que muchos aparatos de aire acondicionado están colocados precisamente a la altura del cuello y la parte alta de la espalda. Esto obliga al organismo a acelerar el metabolismo local para intentar equilibrar la diferencia de temperatura entre unas zonas corporales y otras. Cuando ese contraste térmico es demasiado intenso y prolongado, el cuerpo activa mecanismos secundarios de termorregulación, como la contracción muscular o incluso el temblor, generando así una mayor sobrecarga muscular.
Además, ambas expertas advierten de que el problema no depende únicamente de la temperatura del aire acondicionado. Hernández recalca que el verdadero problema está en la sensación térmica interna y en la dificultad que tiene el organismo para adaptarse a cambios bruscos y constantes de temperatura. Iglesias añade que durante el verano la calidad del descanso suele empeorar debido al calor y que, sumado a los continuos cambios entre la calle, el transporte, el trabajo o los espacios climatizados, el cuerpo se ve obligado a activar constantemente mecanismos opuestos de regulación térmica, dificultando la adaptación de los tejidos y favoreciendo contracturas y rigidez.
Recomendaciones sencillas
Para reducir el riesgo de molestias musculares, recomiendan medidas sencillas pero efectivas. Entre ellas, cubrir las zonas expuestas con una chaqueta o pañuelo para evitar el impacto directo del aire frío, levantarse y moverse con frecuencia en la oficina para evitar posturas mantenidas y mantener temperaturas moderadas. Ana Iglesias, además, recomienda que la diferencia entre el exterior y el interior no supere aproximadamente los cinco grados y sitúa los 26 grados como una temperatura razonable para disminuir los contrastes bruscos.
En cuanto a cuándo acudir a un especialista, Alba Hernández insiste en que no conviene esperar a que el dolor resulte incapacitante. En concreto, recomienda consultar con un fisioterapeuta cuando aparece una molestia poco habitual que limita la actividad diaria. Por su parte, Ana Iglesias señala que síntomas como limitación del movimiento, dolores de cabeza frecuentes, alteraciones de la sensibilidad o mareos son señales especialmente importantes para buscar ayuda profesional cuanto antes.