¿Es buena la melatonina para dormir en niños? Lo que advierten los especialistas
Los problemas de sueño en la infancia y la adolescencia son cada vez más frecuentes. Dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos, resistencia a irse a la cama o uso excesivo de pantallas antes de dormir forman parte de una realidad que preocupa a muchas familias. En este contexto, el consumo de melatonina ha aumentado de forma notable en los últimos años, pero los especialistas advierten de que no es una solución universal ni exenta de riesgos.
La Doctora Irene Rubio Bollinger, especialista en Neurofisiología Clínica y coordinadora de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Sur, explica que muchos padres recurren a suplementos de melatonina buscando una respuesta rápida al mal descanso de sus hijos. Sin embargo, subraya que “el uso de melatonina en esta población en realidad debe estar muy restringida a casos muy concretos y por indicación médica”.
No es un simple suplemento
Uno de los principales problemas es la percepción generalizada de que la melatonina es un producto “natural” e inocuo. Pero no se trata de un complemento cualquiera, sino de una hormona biológicamente activa que regula el ciclo sueño-vigilia y que también interviene en el sistema inmune, el metabolismo y el sistema reproductivo.
En niños y adolescentes sanos, los estudios disponibles no ofrecen evidencia sólida sobre su eficacia a largo plazo ni sobre su seguridad en aspectos como el desarrollo neurológico o la pubertad. Además, se han detectado discrepancias en la cantidad real de melatonina contenida en algunos productos de venta libre, así como la presencia de otras sustancias no siempre especificadas.
La facilidad de acceso –incluidas presentaciones en formato gominola– ha favorecido su consumo indiscriminado, e incluso se han descrito casos de ingesta accidental excesiva. Por ello, los especialistas insisten en que la melatonina debe utilizarse sólo bajo supervisión médica y durante el menos tiempo posible.
Abordar la causa del insomnio
Antes de plantear un tratamiento farmacológico, es fundamental realizar una historia clínica completa que permita identificar el origen del problema. En muchos casos, las alteraciones del sueño en la infancia tienen un componente conductual: horarios irregulares, exposición prolongada o pantallas, falta de rutinas o dificultades emocionales.
Las intervenciones no farmacológicas constituyen la primera línea de actuación. Ajustar horarios, reducir dispositivos electrónicos antes de dormir, establecer rutinas estables y adaptar los tiempos de descanso a la edad del niño suelen ser medidas eficaces. Solo cuando estas estrategias no funcionan y existe una indicación clara debe valorarse el uso de melatonina.
Un caso particular: el trastorno del espectro autista
El Doctor Daniel Martín Fernández-Mayoralas, Neuropediatra del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo y de Olympia Centro Médico Pozuelo, subraya que el caso de los niños con trastorno del espectro autista (TEA) requiere una consideración diferenciada, dado que se trata de una población muy afectada por los trastornos del sueño, donde existe evidencia científica robusta de beneficio.
El insomnio afecta entre el 40% y el 80% de los niños con TEA. La disrupción del sueño no es un inconveniente menor: se asocia con irritabilidad y problemas conductuales graves, que deterioran significativamente la calidad de vida del niño y de su familia. «Cuando un niño con TEA no duerme, el agotamiento familiar es extremo y el impacto perjudicial múltiple y profundo para todos», explica el Dr. Martín.
A diferencia de lo que ocurre en niños con desarrollo típico, una proporción significativa de niños con TEA que presentan insomnio muestra alteraciones biológicas documentadas: déficit en la producción de melatonina endógena y alteraciones en el ritmo circadiano. En estos casos, existe una base biológica documentada, pero lo que realmente justifica el tratamiento es el sufrimiento del niño y el impacto devastador en su familia.
La American Academy of Neurology estableció en 2020 que la melatonina es el tratamiento farmacológico de primera línea para el insomnio en niños con TEA cuando las intervenciones conductuales resultan insuficientes. Esta recomendación se basa en evidencia consistente: la melatonina reduce el tiempo para conciliar el sueño entre 20 y 45 minutos, aumenta el tiempo total de sueño entre media hora y hora y media, y mejora significativamente los despertares nocturnos.
En cuanto a la seguridad, los datos son tranquilizadores. Los efectos adversos son leves y transitorios: somnolencia ocasional, cefalea o síntomas gastrointestinales menores en menos del 2% de los casos. Los efectos graves tienen una incidencia inferior al 1%. Estudios de seguimiento durante dos años confirman que no afecta el crecimiento ni el desarrollo puberal, ni produce síntomas de abstinencia al suspenderlo.
«En el contexto del TEA, los riesgos de la melatonina son pequeños en comparación con los beneficios de mejorar el sueño», enfatiza el Dr. Martín. «Es fundamental utilizar melatonina de farmacia, no suplementos de venta libre que presentan variabilidad en su concentración. El tratamiento debe indicarse cuando es necesario, con dosis y formulación ajustadas individualmente, siempre bajo supervisión médica».
La melatonina en niños con TEA no es una opción experimental: es un tratamiento respaldado por las principales sociedades científicas internacionales y el consenso español publicado en Anales de Pediatría, con evidencia sólida que puede marcar una diferencia fundamental en la vida de estos niños y sus familias.
Dormir bien es un proceso, no una pastilla
El aumento del uso de melatonina refleja una preocupación real por el descanso infantil, pero también pone de manifiesto la necesidad de mayor información y regulación. Los especialistas coinciden en que el uso de este fármaco no debe sustituir el abordaje integral del problema.
La melatonina no es la respuesta automática ante cualquier dificultad para dormir. En la mayoría de los casos, la clave está en comprender la causa del insomnio, reforzar los hábitos saludables y acudir a unidades especializadas cuando el problema persiste.
Porque dormir bien en la infancia no depende sólo de una hormona, sino de un equilibrio complejo que merece una atención médica rigurosa y personalizada.
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