El 80% de las mujeres en la menopausia tiene síntomas de incontinencia urinaria
Hay varios tipos de incontinencia, pero los más conocidos son la de esfuerzo, que se produce al realizar esfuerzos físicos como toser, reír o levantar peso
La incontinencia urinaria es un trastorno que afecta a millones de personas en todo el mundo, especialmente a mujeres mayores de 40 años, pero lo cierto es que muchas veces es un tema del que se habla con cierto estigma y en el que la prevención y el tratamiento son poco conocidos. Sin embargo, los expertos insisten en que la incontinencia urinaria no debe ser considerada como algo «inevitable», ya que existen tratamientos «eficaces» para controlarla.
La doctora Soraya Hijazi, del Grupo de Suelo Pélvico de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), ha asegurado que la incontinencia urinaria no debe considerarse una consecuencia «inevitable» del envejecimiento, del parto o de la menopausia, pues existen opciones terapéuticas «eficaces» que pueden «mejorar significativamente» la calidad de vida.
Con motivo del Día Internacional de la Incontinencia Urinaria, que se conmemora este viernes, desde la SERMEF han querido concienciar a la sociedad sobre este problema de salud que cuenta con una elevada prevalencia, afectando hasta al 14 por ciento de la población, lo que supone que sea más común que enfermedades como la artrosis, la osteoporosis o la diabetes.
Se puede mejorar la calidad de vida
Desde la realización de ejercicios de rehabilitación del suelo pélvico en sesiones de fisioterapia o la ingesta de fármacos especiales hasta las cirugías correctoras con mallas o los tratamientos más avanzado como la implantación de un esfínter urinario artificial (que se utiliza en los casos más graves), existen multitud de opciones para tratar cada caso concreto.
Es por ello que, si la incontinencia se ha vuelto un problema grave que afecta a tus relaciones personales o que ha provocado que dejes de hacer algunas actividades que antes disfrutabas, no dudes en consultar a un médico para descubrir qué puedes hacer para mejorar tu calidad de vida cuanto antes de forma sencilla.
Aunque puede afectar tanto a mujeres como a hombres en cualquier etapa de la vida, lo cierto es que es más frecuente en mujeres tras el parto y en la menopausia, así como en hombres después de cirugías de próstata. Entre sus principales factores condicionantes se encuentran el trauma perineal por partos traumáticos, la obesidad, el tabaquismo o la práctica de deportes de impacto.
Hay varios tipos de incontinencia, pero los más conocidos son la de esfuerzo, que se produce al realizar esfuerzos físicos como toser, reír o levantar peso; la de urgencia, caracterizada por una necesidad repentina e incontrolable de orinar; y la mixta, que combina los síntomas de las dos anteriores.
«Desde la SERMEF animamos a que se consulte a los médicos rehabilitadores especialistas en suelo pélvico, para identificar la causa del problema y aplicar el tratamiento más adecuado. Cuanto antes se intervenga, mejores serán los resultados y menor será el impacto en la calidad de vida de los pacientes», ha destacado Hijazi.
Menopausia
Además de la incontinencia urinaria, durante la menopausia es habitual que aparezcan síntomas genitourinarios, que afectan al aparato urinario y a la parte genital de la mujer, y suelen presentarse en hasta el 80 por ciento de las mujeres que se encuentran en este momento vital.
Se produce una involución del tejido conectivo, se afinan las paredes de la vagina, pueden retraerse las cicatrices de los partos que antes no dolían, aparece la sequedad vaginal, la disuria (molestia al orinar), la urgencia miccional, infecciones urinarias o de hongos recurrentes por la alteración del pH de la mucosa vaginal o incluso dolor durante las relaciones sexuales.
Dada su alta prevalencia, la experta de la SERMEF ha recomendado que aquellas mujeres que presenten alguno de los síntomas mencionados acudan cuanto antes al especialista, con el objetivo de iniciar de manera precos el tratamiento y obtener así mejores resultados y un menor impacto en su calidad de vida.
Entre los tratamientos disponibles para mejorar estos síntomas se encuentran las hidratantes vaginales, el uso de estrógenos locales, la rehabilitación del suelo pélvico o la medicina regenerativa. Esta última incluye la infiltración de plasma rico en plaquetas (PRP) y el láser de CO2, que estimulan la síntesis de colágeno y regeneran el tejido.
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