Alerta en el País Vasco por la especie invasora exótica que mata palmeras de la playa
Un insecto cuya presencia se ha detectado sobre todo en Guipúzcoa
Paso de gigante en la lucha contra las especies invasoras: científicos españoles ya miden su impacto real en ecosistemas
Alerta máxima de un pescador sevillano: captura en España 30 ejemplares de una de las peores especies invasoras

En las últimas semanas se han intensificado las revisiones de las palmeras en varios municipios de Guipúzcoa, sobre todo en zonas cercanas al mar, donde las condiciones son algo más delicadas. La culpa de todo la tiene la plaga de una especie invasora que es capaz hasta de matar las palmeras y que se ha convertido en una auténtica preocupación, dentro del País Vasco, dado que ya ha atacado en otros puntos de España.
De hecho, ya hay casos que han obligado a intervenir. Según publica Diario Vasco en Getaria se han retirado algunas palmeras en mal estado para evitar que el problema se extienda, y en Hondarribia también han aparecido señales que han puesto en alerta a los técnicos. No es una situación generalizada, pero sí lo suficiente como para que los ayuntamientos empiecen a tomárselo en serio. Y todo gira en torno al picudo rojo, un insecto que lleva tiempo dando problemas en España, sobre todo en zonas más cálidas. Lo llamativo es que ahora empieza a aparecer en el norte, algo que hace unos años era poco habitual. Detrás de este cambio, según apuntan los especialistas, están las temperaturas más suaves y la reducción de las heladas, que le están facilitando asentarse en lugares donde antes no aguantaba.
Alerta en el País Vasco por esta especie invasora
El principal problema del picudo rojo es que cuesta verlo a tiempo. No es una plaga que actúe en la superficie, sino que se instala dentro de la palmera y desarrolla ahí casi todo su ciclo. De este modo, y durante semanas, incluso meses, puede estar presente sin que haya señales claras. Todo empieza cuando el insecto entra en el tronco, deposita los huevos y, a partir de ahí, las larvas crecen alimentándose de los tejidos internos, de modo que al suceder en el interior, es complicado darse cuenta. De hecho, cuando empiezan a notarse cambios en la planta, muchas veces el daño ya está avanzado.
Esos cambios suelen ser hojas que se secan, pérdida de forma en la copa o un aspecto general más débil. Son cambios que pueden pasar desapercibidos si no se revisan con atención. Y ahí está el problema: cuando se detecta tarde, la capacidad de recuperación es muy limitada.
Cómo ha llegado hasta la costa guipuzcoana
Aunque ahora esté generando preocupación en Guipúzcoa, este insecto no es nuevo, sino que su origen está en el sudeste asiático y su llegada a Europa está relacionada con el comercio de plantas ornamentales. Muchas palmeras se importan para jardines y espacios urbanos, y en ese traslado es donde el picudo puede viajar sin ser detectado.
Durante años, su presencia se limitó a zonas con temperaturas más altas. Sin embargo, el contexto ha cambiado. En los últimos inviernos se han registrado menos heladas y temperaturas más suaves, lo que ha permitido que el insecto sobreviva en zonas donde antes no lo hacía así que la costa cantábrica encaja ahora en ese escenario, que aunque no es su entorno ideal, sí que es lo suficientemente favorable como para que pueda mantenerse, sobre todo teniendo en cuenta que pasa gran parte de su ciclo protegido dentro de la palmera.
Qué detalles pueden alertar de una infestación
Detectarlo a tiempo sigue siendo complicado, pero hay señales que pueden servir de aviso. Una de las más habituales es el estado de las hojas ya que si empiezan a secarse o pierden su forma sin una causa clara, conviene revisar el ejemplar. También hay que fijarse en el tronco. La aparición de pequeños agujeros o marcas puede indicar que el insecto ya ha entrado. El problema es que como mencionamos, estos signos suelen aparecer cuando el proceso lleva tiempo en marcha. Por eso, en muchos municipios se insiste en no esperar a ver síntomas evidentes, y por ello, la revisión preventiva se ha convertido en la principal herramienta para evitar que el problema avance sin control.
Algo que ya se hace en lugares como San Sebastián donde se ha ampliado el número de palmeras revisadas, incluso en zonas donde no hay casos confirmados. Y en cuanto a las medidas, se están combinando distintos métodos. Uno de ellos es la aplicación de tratamientos directamente en el interior de la palmera, para actuar desde dentro, que es donde se encuentra el insecto. También se utilizan trampas con feromonas, que permiten atraer y capturar ejemplares sin afectar a otras especies y con ello, que se pueda controlar la situación y que no evolucione como ya ocurrió en otras zonas del país, donde la plaga se extendió rápidamente. Allí, la falta de detección temprana obligó a eliminar miles de palmeras en pocos años.
Y en Guipúzcoa se intenta que no se repita ese escenario. Porque si algo ha demostrado el picudo rojo es que, cuando se detecta tarde, el margen de actuación es mucho menor y las consecuencias acaban siendo mucho más visibles de lo que parecía al principio.