La utilidad de votar a Vox en Andalucía

La utilidad de votar a Vox en Andalucía
  • Alejandro Hernández

“Al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Eduardo Galeano

Resulta llamativo, y he de decir que personalmente muy gratificante, dada mi condición de portavoz del Grupo Parlamentario VOX ANDALUCÍA, el extraordinario resultado obtenido en esta región en las recientes elecciones generales, habiendo obtenido 800.000 votos y 12 escaños, alcanzando un porcentaje de más del 20% sobre el total de votos emitidos, 5 puntos por encima de la media nacional. Tan solo un puñado de sufragios nos separa de ser la segunda fuerza política de Andalucía. Y cuando va a hacer un año de la celebración de las elecciones autonómicas de Andalucía, creemos que la particularidad que sustenta éste éxito es la contribución de VOX a la estabilidad y la gobernabilidad de nuestra región, que ha sido percibida con claridad por los andaluces, quienes ya no albergan dudas acerca de la utilidad de sus votos.

Echando la vista atrás, vemos cómo el 2 de diciembre de 2.018, tras casi 37 años de ininterrumpido reinado socialista, las urnas arrojaron unos resultados que permitieron un cambio tan necesario como inesperado, ya que prácticamente ninguna encuesta o sondeo auguraba la entrada de nuestra formación en el Parlamento de Andalucía nada más y nada menos que con doce diputados. Pese a la contundencia de la aritmética, en unos primeros momentos el entendimiento con los dos partidos que pretendían formar gobierno no fue fácil. Sufrimos entonces el desdén de Ciudadanos, que se negó a sentarse en una mesa de negociaciones con nosotros. Sin embargo, y como anunciara el propio Santiago Abascal nada más conocerse el escrutinio definitivo, VOX estuvo a la altura de las circunstancias. Por ello, pese a nuestra bisoñez e inexperiencia en las instituciones, no dudamos en ningún momento en anteponer a cualquier cálculo partidista el interés general y servir al deseo de cambio mayoritariamente votado y manifestado por los andaluces en dichos comicios.

Con ese espíritu, para la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla nuestro Secretario General Javier Ortega-Smith suscribió con el Partido Popular un documento con 37 puntos, un texto que, en rigor, era más una declaración de intenciones que un acuerdo programático. Y no tanto por la inevitable inconcreción de las materias contenidas como por lo ambicioso del espíritu que se pretendía reflejar. Así las cosas, y formado el que se autodenominó como “gobierno del cambio” entre el Partido Popular y Ciudadanos, un gabinete en el que se repartieron consejerías descontada la vicepresidencia de Juan Marín, quien además se reservó importantes y dispares contenidos, los primeros meses de su andadura resultaron bastantes decepcionantes para las expectativas que nos habíamos creado. Ya fuera por la permanente situación de campaña electoral a la que nos vimos sometidos hasta finales de Mayo o por el recelo o la desconfianza que pudieran albergar desde ambos partidos por ser el nuestro un grupo sin un historial político que les permitiera manejarse con la comodidad que da el conocimiento previo, lo cierto y verdad es que hubo más momentos de tensión que de colaboración y trabajo compartido. Fueron constantes las declaraciones de los consejeros matizando y distanciándose del espíritu recogido en los 37 puntos de la investidura al que aludíamos más arriba. Esta situación llegó hasta el extremo de que nos vimos obligados a plantear una enmienda a la totalidad de los presupuestos del 2.019, acción que por mucho que algunos digan lo contrario tuvo poco de teatral.

Sin embargo, fue precisamente a partir de ese momento cuando de la necesidad se hizo virtud, y en un tiempo record pudimos negociar un primer acuerdo presupuestario de 34 puntos que se cerró “in extremis”, puesto que el redactado final no nos llegó hasta apenas unos minutos antes de nuestra intervención en el correspondiente Pleno. Y llegados aquí hay que decir que desde ese momento se produjo un cambio sustancial en nuestras relaciones con el gobierno de la Junta de Andalucía y con los dos partidos que la sustentan. Es de justicia resaltar el ingente trabajo realizado por los técnicos de la Consejería de Hacienda, Industria y Energía a la búsqueda del encaje técnico, a veces difícil, de algunas de nuestras propuestas. La presión de VOX resultó determinante en el documento de Junio para alumbrar algunas medidas que, pese a su escasa incidencia en términos cuantitativos, van a tener una importancia capital en el nuevo, diríamos que ineludiblemente nuevo, diseño de la administración autonómica. Ésta habrá de soltar el enorme lastre que suponen unos entes instrumentales costosísimos, ineficaces y redundantes, y que además fundamentalmente han venido sirviendo de terminal de esa red clientelar tejida por el partido socialista durante todos estos lustros en los que ha venido gobernando. Es penoso llegar a la conclusión de que pese a los ingentes recursos consumidos, casi cuatro décadas después los socialistas no hayan conseguido sacar a Andalucía de las lamentables posiciones en los rankings relativos al desarrollo económico y cultural de las regiones de nuestro entorno. Pero también, y de modo no menos importante, por primera vez llevamos a los textos presupuestarios programas y actuaciones que estaban siendo excluidas sistemáticamente de todo debate político. Así, en las cuentas se habla de violencia intrafamiliar, lucha contra la inmigración irregular, la protección y ayuda a las mujeres embarazadas o la limitación de los nocivos efectos de la mal llamada memoria histórica.

Casi sin tiempo para comprobar cuáles y hasta qué punto se estaban cumpliendo los diferentes puntos del pacto, a la vuelta del verano tuvimos que empezar a trabajar en los presupuestos 2.020, debiendo decir que el ambiente de colaboración leal se ha mantenido pese a las discrepancias que inevitablemente iban surgiendo en las negociaciones. Es importante reseñar que la convocatoria de elecciones generales, que desde primeros de Septiembre se empezó a vislumbrar como algo inevitable, no ha alcanzando a enturbiar o enmarañar un proceso ya de por sí sensible y complejo como el que nos ocupaba, consiguiendo que el ya mencionado interés general fuera el objetivo perseguido de manera prioritaria sin quedar mediatizado por intereses de partido. Y así, se continúa avanzando en el desmantelamiento de la administración paralela con la realización de unas auditorías independientes generalizadas que se van a llevar a cabo por empresas privadas (dando cumplimiento así a una exigencia que llevábamos trazada con lápiz rojo), la fiscalización de las subvenciones y un mayor control para evitar prescripciones de derechos de cobro y devolución. Además se profundiza en asuntos como la apuesta por la vida, la batalla frente a la violencia intrafamiliar, la seguridad en los centros MENA y la colaboración con Interior para facilitar datos de inmigrantes ilegales, mientras que por primera vez una administración pública se posiciona en defensa de la caza, la tauromaquia, y la libertad de los padres para elegir las actividades educativas complementarias a las que quieren que acudan sus hijos (el “pin parental”), incluyéndose programas “antiokupas” en defensa de la propiedad privada.

En definitiva, resulta indiscutible que la impronta y la influencia de VOX se han hecho bien presentes en estos meses de legislatura. Primero, porque nuestra presencia e insistencia van a permitir alumbrar reformas de gran calado que sin nosotros no se habrían acometido, quedando asentadas las bases para ese cambio cultural profundo que desde nuestro partido juzgamos imprescindible para el progreso de Andalucía. Y segundo, porque la voz de VOX ha servido para romper el ominoso pacto de silencio y la dictadura de lo políticamente correcto impuestas por la retroprogresía, permitiendo que por primera vez se pueda hablar y discutir libre y democráticamente sobre muchas materias a las que se había sacado indebidamente del debate público.

Los españoles en general y los andaluces en particular así lo han sabido ver y nos lo han agradecido. Les aseguro que haremos lo posible e imposible para no defraudarles.

Alejandro Hernández es portavoz de Vox en el Parlamento andaluz.

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