Opinión

El sanchismo es el Código Penal enterito

«¿De dónde ha salido esta gentuza?», me preguntaba esta semana al leer a nuestro Julio Bastida relatando la terrorífica historia del hermano de Paqui, la mujercísima de Santos Cerdán, ex recluso de Soto del Real y hasta hace cinco meses escasos lugarteniente número 1 de Pedro Sánchez. Para esta peña lo más normal del mundo es contar en la familia con un indeseable que incendia la vivienda en la que duermen su mujer, su suegra y sus hijos y luego amenazar de muerte a toda la prole. Sus cánones éticos y estéticos son tan paupérrimos que les llevan a colocar luego a la mala bestia en una obra pública y que vaya a currar un solo día. Imagínense lo que debe ser una cena de Nochebuena en la que tienes a tu derecha a Santos Cerdán, que te robará la cartera a las mínimas de cambio, y a la izquierda al hermano de La Paqui, que en cualquier momento puede clavarte en la yugular el cuchillo con el que está metiendo mano al pavo o directamente prender fuego a la mesa.

Lumpen hay desde que éramos monos que caminábamos a cuatro patas y en toda la viña del Señor, lo que no resulta tan frecuente ni mucho menos es que sienten sus reales en el Gobierno de un país, menos que se encuentren al frente de la cuarta economía de la zona euro y la decimocuarta del mundo. Con el sanchismo se cumple a rajatabla esa refranera verdad que sostiene que Dios los cría y ellos se juntan.

La familia Cerdán son antológico símbolo del sanchismo: el cabeza de familia es un pedazo de ladrón que se va a pasar no menos de una década en el hotel rejas; su compañera de vida, Francisca Muñoz Cano, alias La Paqui, es una tipeja que no sólo robó el ordenador a nuestra reportera Irene Tabera cuando la abordó educadamente a las puertas de su casa madrileña sino que, además, cobra una pensión por invalidez pese a que se la observa en mejor forma que a Cristiano Ronaldo; y el cuñadísimo es un toxicómano cuyo hábitat natural es la cárcel y que va amenazando con rajar a todo el que se le pone por delante o le lleva la contraria.

Lumpen obviamente hay desde siempre, lo que no resulta tan frecuente ni mucho menos es que sienten sus reales en el Gobierno de un país

Sólo los Cerdán-Muñoz cumplen varios delitos del Código Penal: amenazas, daños, violencia de género, cohecho, tráfico de influencias y organización criminal. No está mal. ¿Alguien da más? Pues por ahí le andan los Sánchez-Gómez, el clan presidencial que tiene a Doña Begoña pentaimputada y al hermanito David biprocesado. El certificado de penales de la segunda familia de este país está atiborradito: tráfico de influencias por partida doble (Begoña y David), prevaricación, corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos, intrusismo y apropiación indebida. Como ven, un completo. Éste es el ADN legal de la familia que pernocta en el Palacio de La Moncloa desde hace siete años.

Y para que nada falte, el enchufador de David en la Diputación de Badajoz, Miguel Ángel Gallardo, también se sentará en el incomodísimo banquillo de los acusados del 9 al 14 de febrero por los mismos ilícitos penales que el pequeño de los Sánchez Pérez-Castejón: prevaricación y tráfico de influencias. Que nos mandan unos mafiosos lo certifica inequívocamente que este pollo será el candidato socialista a la Presidencia de Extremadura en las elecciones autonómicas que se celebrarán en 21 días. Flipante, no, lo siguiente tampoco, más bien lo siguiente de lo siguiente. No sólo no son honrados sino que se niegan a parecerlo.

La normalidad para el sanchismo es que tu padre o tu suegro sea un proxeneta, es decir, malaje que vive de explotar sexualmente a hombres y mujeres. El antaño financiador de Fuerza Nueva Sabiniano Gómez era un figura de la inmoralidad y la ilegalidad. En sus prostíbulos, rebautizados por la prensa zurda a sueldo como «saunas», se implementaba la trata de blancas y se forzaba a mujeres en situación ilegal a vender su cuerpo. La hipérbole de la maldad, sin embargo, la representaban sus clubes de alterne gay. La pederastia estaba a la orden del día toda vez que había chaperos practicando sexo a cambio de dinero. En fin, que el mundo Sabiniano no sólo era el paraíso de los puteros sino también el de los menoreros.

Que nos mandan unos mafiosos lo certifica inequívocamente que Miguel Ángel Gallardo es el candidato socialista a la Presidencia de Extremadura

Ese caso Ábalos y ese caso Koldo que en realidad es el caso Sánchez —al lado del presidente son hermanitas de la caridad— han conducido al inseparable dúo a estar imputados por cohecho, tráfico de influencias, malversación, uso de información privilegiada, prevaricación y falsedad en documento oficial. Por razones obvias tengo cada vez más claro que no van a aceptar comerse un marrón que seguramente les pertenece pero, en cualquier caso, infinitamente menos que al Capone de Moncloa.

El ¡viva el delito! del sanchismo continúa con la persona a la que la Constitución adjudica la no siempre grata tarea de hacer cumplir la ley. No hay antecedentes históricos ni en España ni en el resto de Occidente de un fiscal general condenado por delinquir, menos aún por revelar urbi et orbi secretos protegidos legalmente para asesinar civilmente a un rival político. Esto es habitual en Venezuela, en Rusia, en Nicaragua, en China, en la Argentina de los Kirchner, en el México de Sheinbaum, en Turquía y, obviamente, en Corea del Norte, pero no en estados democráticos. Sánchez puso a un delincuente, Álvaro García Ortiz, a perseguir el delito.

Idéntico delito habría perpetrado el presidente del Gobierno a tenor de la entrevista concedida a OKDIARIO por José Luis Ábalos, su colega de Primarias y defensor en la tribuna de oradores de la bastarda moción de censura que lo condujo a Palacio. «Sí, Sánchez me filtró en Moncloa la investigación secreta de la Fiscalía a Koldo», recuerda en el cara a cara que mantuvo con un servidor el hombre que manejó 13.000 millones anuales en el Ministerio de Transportes. Vamos, que Pedro Sánchez se hizo un García Ortiz, es decir, que ahora ya entendemos por qué el protagonista pasivo de esas pesquisas se jactaba de conocer meses antes de su detención lo que se estaba gestando. Detención con modos y maneras antiterroristas en la que el tacto brilló por su ausencia teniendo en cuenta que a esas horas su hija de cinco años aún se encontraba en el interior de la vivienda familiar.

Cada vez nos parecemos más a ese México o esa Venezuela en los que el poder no persigue a los gánsters porque los gánsters son el poder

Lo más granado de Moncloa está inculpado en el Juzgado de Instrucción 41 por el caso Begoña. Empezando por el delegado del Gobierno en Madrid, el filoetarra Francisco Martín, que es el encargado de perseguir la delincuencia en la Comunidad y antaño trabajaba a la vera de Sánchez en Palacio, y terminando por Cristina Álvarez, directora de Programas de la Presidencia del Gobierno y asesora de la segunda dama.

El suma y sigue de delitos del sanchismo es el cuento de nunca acabar. En el caso Tito Berni había de todo: trinque de dinero público, cocaína, prostitutas y vulneración del estado de alarma que ellos mismos habían decretado. El ex concejal de Madrid Chema Dávila fue condenado a un año de cárcel por abusar sexualmente de una militante. Es verdad que los ERE, el saqueo de 680 millones de las arcas de la Junta de Andalucía, no se perpetraron durante el sanchismo, pero no es menos cierto que la sentencia llegó con el marido de Begoña Gómez ya al frente del Ejecutivo y que fue él quien ordenó a Cándido Conde-Pumpido exonerar a Griñán, condenado a seis años de cárcel por malversación, y a Chaves, sentenciado por prevaricación. El dinero público se empleaba para engordar el bolsillo de militantes socialistas, empezando por la hijísima Paula Chaves, pero también para irse de putas y comprar cocaína a granel. Muy ejemplar todo.

España va camino de convertirse en un Estado fallido. Que haya delincuentes en un país es habitual desde tiempos de Adán y Eva, lo que no constituye precisamente moneda de uso corriente es que los delincuentes ocupen o más bien okupen el Gobierno, la Fiscalía, se encuentren a cargo de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado o aparezcan de foto de un cartel electoral. Cada vez nos parecemos más a ese México o esa Venezuela en los que el poder no persigue a los gánsters porque los gánsters son el poder. En México no manda Sheinbaum sino los carteles de la droga, en Venezuela unos terroristas sanguinarios y en España una panda de ladronazos, puteros y coqueros que se las dan de honrados, feministas y sanos. En las democracias de calidad la delincuencia está en las alcantarillas, no en el Gobierno. Aquí son lo mismo. Pese a todo, la Justicia y el periodismo nos indican día a día que hay motivo para la esperanza. El mal no puede ganar y la ley debe ser el valor supremo como subrayaba ese gigante moral llamado Giovanni Falcone. Crucemos los dedos.