Sánchez lidera la internacional del crimen
Mientras en Madrid era levantada en multitud la presencia de la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en Barcelona se celebraba el simposio de la vergüenza. La reunión de autócratas unidos liderada por el peor de todos ellos, Pedro Sánchez (en ausencia de su mentor, el lobbista de narcos y dictadores), convocó a la peor carroña moral del Grupo de Puebla, un foro de sátrapas sonrientes cuyo denominador común, bajo etiqueta progresista, es haber destruido los países que gobiernan a golpe de miseria y sangre.
Patrocinado por Soros, el hijo de su padre, posaron sonrientes quienes han prohibido la sonrisa en sus naciones. Eligieron como eslogan En defensa de la democracia porque presumir de tiranía en el siglo XXI era demasiada suficiencia. Como a Sánchez le arrinconan en las reuniones del mundo libre, donde le colocan en su sitio, se inventa un foro con la cochambre política más abyecta (entregada toda ella al capital chino) para posar en el centro. Ha decidido liderar, desde el lado incorrecto de la historia, donde se siente a gusto, el club de los sátrapas modernos, que se definen como demócratas porque saben que aún hay miembros del pesebre que les siguen votando por sus intenciones y no por sus hechos. Conforman esa famélica legión que prefiere obedecer a pensar y comer, poquito, a disfrutar de su libertad.
Apelan a la democracia quienes más han hecho por atacarla y destrozarla. Desde dentro, usurpan funciones del Estado que no les competen, se infiltran en rincones de privacidad ciudadana para controlar su voluntad, asaltan empresas públicas y atacan a medios y jueces independientes. El socialismo es una réplica histórica constante de malversación moral y fáctica. Por donde pisa, no crece la hierba y, además, la que queda, la expropian. Pero se le sigue juzgando por lo que dicen que harán y no por lo que en realidad hacen, y por ello, el pesebre de mamadores y amamantados continúa más vivo que nunca.
Todos los dictadores socialistas crean una realidad paralela a la verdad. Son los herederos ideológicos e intelectuales de quienes levantaron el muro de Berlín para dividir a la población y asesinarla, los que arruinaron naciones robando y esclavizando a los ciudadanos, quienes secuestran y encarcelan a todo opositor que exija libertad y democracia. La historia del socialismo sí es una vergüenza infinita, aunque intenten proyectar lo contrario.
La mentada reunión de ricos ladrones de ambos lados del hemisferio constató que el autócrata patrio que lidera esa zurdoesfera va sin frenos, desatado en su propósito de destruir el sistema de libertades y bienestar que nos hemos dado los españoles. Asesorado por el infame antecesor de partido que puso las bases para la destrucción del Estado de derecho, pocos, salvo los votantes socialistas, dudan ya de las intenciones totalitarias del sujeto.
Y mira que estamos avisados. ¿Cómo están los jueces, periodistas, policías, guardias civiles, organizaciones civiles y todo aquel que osa llevar la contraria o investigar los delitos del Gobierno y del entorno familiar y persona del presidente? Sánchez no ha hecho todo lo que ha hecho y ha permitido lo que ha permitido para dejar al azar de las urnas su permanencia en el poder. Va a alterar el censo electoral, reventará el sistema y cometerá un fraude ilegítimo e ilegal. La ingenuidad de quienes aún consideran legítima su presidencia y demócrata su figura olvida la capacidad de resistencia ante la democracia de quien amañó las primarias de su partido para ganar, falsificó su tesis para fardar (cuando no era nadie) y amnistió ilegalmente a un golpista para conseguir el poder.
Sabe que sus votantes piensan de manera inversamente proporcional al tamaño de sus escrúpulos morales. Y que gritar «¡no a la guerra!» conecta con el corazón tontorrón del revolucionario de sofá. Pero nos jugamos algo más importante que discursos de consumo rápido y mentiras de todo a cien. O se le para los pies, o adiós democracia.
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