Opinión

Sánchez disuade al independentismo con la amenaza de un 155 «duro»

Para Pedro Sánchez, a quien el independentismo llevó en volandas a la Presidencia del Gobierno, el 155 es un artículo de la Constitución que invoca o desinvoca según le convenga a su estrategia. Durante los meses posteriores a su investidura como jefe del Ejecutivo no tocaba hablar del 155, sino de tender puentes de diálogo y afianzar el consenso. Ahora que las cosas han cambiado y cabe la posibilidad de que exista un desacato a la sentencia del Tribunal Supremo por el golpe de Estado separatista,  el Ejecutivo de Sánchez dispone ya de un plan estudiado y pormenorizado de cómo aplicar ese artículo constitucional.

Evidentemente este periódico apoyará todo lo que sea hacer frente a la subversión  del orden constitucional del separatismo catalán. La aplicación del 155 no es otra cosa que la puesta en marcha del mecanismo de defensa que los Estados tienen para preservar su unidad. El diseño elegido por Sánchez plantea una intervención de la Comunidad Autónoma durante un periodo mayor que el empleado por Mariano Rajoy, si es necesario e, incluso, incluye una posible extensión al control de los Mossos y a la televisión pública TV3.

Que Sánchez contemple todos los escenarios posibles es razonable, tanto como modular la intensidad del 155 en función de la respuesta de los separatistas a la decisión del Supremo. Las fuerzas constitucionalistas que encarnan, sobre todo, el PP y C’s seguro que apoyarán cualquier medida orientada a garantizar el orden constitucional.

Sánchez lo sabe y, por eso, ha hecho llegar al independentismo las líneas maestras de su plan. No le gustaría aplicarlo. En realidad no le interesa a ninguna de las partes. Por eso el jefe del Ejecutivo en funciones lo está utilizando con efectos disuasorios. Lo que pretende, en suma, se parece mucho al chiste del dentista. «¿Verdad, doctor, que no vamos a hacernos daño?».