Opinión

El Rey se atreve a decir lo que todos callan

Es el momento del Rey Felipe. España vuelve a afrontar un contexto delicado cuatro décadas después de que su padre, Juan Carlos I, ejerciera un papel esencial para transitar con éxito de la dictadura franquista a la democracia. Igual que entonces, el monarca ha de ser guía y referencia para los españoles. Felipe VI cumple perfectamente con su papel de jefe de Estado al proteger de viva voz la unidad de España. Así debe hacerlo cada vez que tenga ocasión, a pesar de que la Constitución española le otorgue un estrecho límite de maniobra. No obstante, el Rey se atreve a decir lo que todos callan. Muestra su enorme preocupación tanto por la deriva golpista como por el comportamiento errático que están desarrollando PSOE y Podemos. La segunda y tercera fuerza política del país, lejos de actuar con espíritu constitucionalista y sentido de Estado, están jugando un papel cuasi cómplice con los secesionistas. 

De Podemos se puede esperar. El propio líder de los populistas radicales, Pablo Iglesias, dijo sin ambages que el referéndum ilegal se trata de «una movilización legítima» a pesar de que atenta directamente contra la Constitución. Se alineaba así con Carles Puigdemont y compañía, esos políticos de la nada que intentan subvertir la legalidad vigente desde las propias instituciones. Dirigentes que han llevado a Cataluña a la ruina económica y que utilizan la estelada como cortina de humo y excusa propiciatoria para tratar de materializar sus ambiciones personales. Un contexto muy parecido al germen que dio lugar a Estados-desastre como la Venezuela de Nicolás Maduro o la Cuba de los hermanos Castro. Los dirigentes de Podemos aborrecen cualquier cosa que abogue por la unidad y la estabilidad de España. Sin embargo, la verdadera tragedia para nuestra nación es que un histórico como el Partido Socialista también se una al dislate secesionista. 

El secretario general de la formación que más años ha gobernado en la historia democrática de nuestro país, Pedro Sánchez, hace de la idea de España un auténtico galimatías. Una anarquía intelectual que es combustible para los radicales que también habitan en su partido, amotinados contra la idea de un PSOE constitucionalista. Es normal que Felipe VI se preocupe cuando oye que la secretaria de Cohesión Social de los socialistas, Núria Parlon, dice que habría que «apelar a la comunidad internacional» si el Ejecutivo aplicara el artículo 155 de la Carta Magna. Más aún cuando, pocos días después, el propio Sánchez da vía libre a que los alcaldes del PSC participen en el referéndum ilegal siempre que lo hagan como «ciudadanos particulares». Desvarío tras desvarío que probablemente obligarán al Rey a volver al Palacio de la Zarzuela en cualquier momento durante sus vacaciones de agosto. Ante tanto esperpento institucional, es momento de un líder sólido que llegue donde los políticos actuales no alcanzan. Es momento, por tanto, de Felipe VI.