El PP tiene que estar más unido que nunca
Sería un error tomar la parte por el todo después de las elecciones autonómicas de Cataluña. El fracaso del Partido Popular en los comicios regionales, con la consecución de sólo tres diputados, no se puede extrapolar como diagnóstico general sobre el Gobierno a nivel nacional. El fallo de convocar unas elecciones con tan solo 54 días de margen ha pesado y mucho sobre las opciones de los populares. Rajoy era consciente del riesgo que corrían, pero prefirió el sentido de Estado al rédito electoral inmediato. Además, tanto el discurso electoral como la campaña no han conectado en absoluto con los votantes. Sin embargo, y a pesar de la necesaria autocrítica y reestructuración a nivel interno, ahora deben estar más unidos que nunca.
De ahí que acciones desleales como las de José María Aznar, tratando de acercar a parte de los votantes del PP hasta Ciudadanos, le hagan un flaco favor tanto al partido como al propio Gobierno de España. Especialmente ahora, cuando la estabilidad es perentoria tras el contexto caótico que han creado los golpistas y que se enquistará con toda seguridad en los próximos meses. Desde hace tiempo, Aznar parece empeñado en convertirse en un heraldo de los infortunios. Una especie de mago revestido de notable impertinencia que aparece únicamente cuando las cosas le van mal a su partido. Siempre con el mismo objetivo: cargar contra la figura de Mariano Rajoy. El expresidente debería tener más memoria, ya que fue él quien designó al actual mandatario. También menos ego. Como gran hombre de Estado que fue, tendría que colaborar más y torpedear menos a la formación que le dio todo lo que ha sido a nivel político.
Resulta oportuno recordar que Mariano Rajoy, junto con su equipo, le ha dado la vuelta al país hasta resucitar una nación que estaba en coma tras las dos legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero. Ni siquiera sus enemigos más enconados pueden negar que España ha vuelto a la vanguardia de los países que más crecen en la Unión Europea. Un hecho incontrovertible que está asentado en una inagotable creación de empleo: más de 2 millones de puestos de trabajo desde 2013. Un milagro económico que habla por sí mismo del acierto gestor del Ejecutivo. De ahí que resulte incomprensible la actitud de José María Aznar y Cayetana Álvarez de Toledo. El Partido Popular, y por ende España —ya que es la formación que nos gobierna—, necesitan la máxima estabilidad posible en estos momentos de incertidumbre. Eso lo da, entre otras cosas, una lealtad desprovista de egos y la generosidad para pensar más en un proyecto general que en uno mismo. Algo que Aznar y Álvarez de Toledo parecen haber olvidado a pesar de haber desarrollado una dilatada carrera política gracias al Partido Popular.
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