Una política para la historia
Muere Carme Chacón y deja por los suelos el ánimo de la clase política española. A los 46 años siempre es demasiado pronto para dejar este mundo, sea cual sea la circunstancia. El socialismo pierde a uno de sus grandes activos de ayer… e incluso del potencial mañana que hubiera podido tener junto a otra mujer: Susana Díaz. España se queda sin una pionera. La primera mujer de la historia en llevar los pantalones en el Ministerio de Defensa. Una de las figuras más destacadas del Gobierno liderado por José Luis Rodríguez Zapatero y cuyo nombre tendrá por derecho propio un lugar de privilegio en nuestros anales políticos. Su trayectoria la emparenta con emblemas del siglo XX como Victoria Kent —primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid y directora general de Prisiones— y Federica Montseny, quien se convirtió en la primera ministra de nuestro país —y una de las primeras de Europa Occidental— al ocupar la cartera de Sanidad y Consumo durante la II República.
Carme Chacón fue ante todo una política honrada, de amplia formación y experiencia internacional. Dos requisitos que deberían ser norma para dedicarse a las instituciones púbicas y que, sin embargo, brillan por su ausencia más de lo que sería conveniente. Esta abogada hizo de su periplo político una trayectoria de abajo a arriba. Antes de pasar revista —embarazada— a las tropas en Afganistán (2008) recorrió todas las escalas políticas: de Juventudes Socialistas con 18 años a concejal de su pueblo. Diputada por Barcelona y vicepresidenta primera del Congreso desde abril de 2004 a julio de 2007. Ministra de Vivienda hasta la primavera de 2008, justo antes de situarse en primera línea de Defensa. Incluso le disputó unas primarias por la Secretaría General al todopoderoso Alfredo Pérez Rubalcaba en el 38 congreso del PSOE celebrado en Sevilla (2012). Perdió por tan solo 22 votos. Chacón era sin duda uno de los apellidos más respetados dentro del partido. Referencia como mujer pero, más allá de eso, paradigma de cómo estar en política y mantener siempre una reputación a prueba de cualquier escáner. Vivió tan deprisa como le permitió su maltrecho corazón. Desde este domingo, sus méritos en vida la han convertido en una política para la historia.
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