‘Nunca más’ exige protección especial para los judíos
Hoy, en parlamentos e instituciones internacionales de todo el mundo, quienes ocupan posiciones de poder volverán a ponerse en pie y declararán solemnemente «nunca más» — dos palabras pronunciadas con gran ceremonia, pero que sólo se dicen en este día.
Pero ¿qué significan realmente estas palabras en la práctica?
Antes de la Segunda Guerra Mundial, había alrededor de 9,5 millones de judíos en Europa. El Holocausto supuso el asesinato masivo de seis millones de nosotros. La vida judía quedó destrozada, nuestra continuidad cultural y religiosa reducida a la sombra de lo que fue, y en muchas partes de Europa es hoy apenas un recuerdo, susurrado en voz baja cuando la gente pasa frente a una antigua sinagoga o tropieza con un viejo cementerio judío. Peor aún: en demasiados lugares de Europa, los habitantes desconocen por completo que allí vivieron judíos antes de ser deportados a campos de concentración. Es como si nunca hubiéramos existido.
Hoy quedamos menos de dos millones. Representamos aproximadamente el 0,2 % de la población europea. Y hoy los judíos atravesamos la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Cada año, los gobiernos informan orgullosos de que las tasas de criminalidad descienden. Sin embargo, el antisemitismo sigue aumentando —más y más, año tras año.
Hoy, al igual que en los días oscuros previos a la Segunda Guerra Mundial, los judíos están siendo asesinados en Europa y en Estados Unidos sólo por ser judíos. Son golpeados a plena luz del día, escupidos, insultados y señalados como monstruos. Nuestras sinagogas son atacadas, incendiadas o vandalizadas.
Marchas de odio y protestas en campus universitarios niegan nuestro propio derecho a existir. Muchos judíos tienen miedo de mostrarse visiblemente judíos o de llevar símbolos judíos. Y también se ha abierto la veda contra el único Estado judío del mundo —que, hace poco más de dos años, sufrió el pogromo más brutal desde el Holocausto.
Miles de judíos ya han elegido marcharse. La mayoría hacia Israel. Piénsalo un momento: eligieron mudarse a una zona en guerra activa antes que permanecer en supuestos bastiones de la democracia liberal occidental.
Vuelvo a preguntar: ¿qué significa realmente «nunca más»?
Gobiernos de todo el mundo han adoptado la definición de antisemitismo de la IHRA, han nombrado enviados especiales para combatir el antisemitismo y han publicado estrategias nacionales para afrontar esta creciente ola de odio contra los judíos. Se suponía que esto debía protegernos. No lo hizo.
En la práctica, todo se convirtió en una serie de palabras bienintencionadas sobre el papel que, en muchos países, nunca se tradujeron en leyes, estatutos o acción policial real, y en otros dieron lugar únicamente a medidas limitadas que no produjeron cambios significativos sobre el terreno. Una declaración de intenciones importante, sí —pero sin implementación efectiva y sustancial, en última instancia inútil.
Puede sonar ingrato. Incluso duro. Pero es la verdad. Intenta encontrar a un judío que pueda decirte que alguna de estas declaraciones, estrategias o firmas de definiciones ha cambiado algo en su vida hoy.
Si los planes y estrategias han demostrado no funcionar, ¿cuál es entonces la respuesta para que «nunca más» sea algo más que un eslogan y se convierta en una política real y significativa?
Para ello, debemos mirar al pueblo sami. Viven en Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia. Como los judíos, tienen una cultura y un idioma propios. Como los judíos, defienden sus derechos y su herencia. Como los judíos, son pocos — una fracción inferior al 1% de la población de los países donde viven.
Pero, a diferencia de los judíos, no están siendo agredidos en las calles. Ni sus edificios parecen fortalezas vigiladas las 24 horas.
Como los judíos, son reconocidos oficialmente como pueblo originario y reciben apoyo de sus gobiernos para preservar su lengua y cultura. Pero, a diferencia de los judíos, el derecho internacional reconoce su derecho a la autodeterminación.
No basta con tener un estatus especial de minoría. Los judíos necesitan ser reconocidos con un estatus especial de protección: un estatus que salvaguarde a un pueblo, una cultura y una forma de vida. ¿Qué significa esto en la práctica?
Significa una seguridad planificada, financiada y garantizada por el Estado, y no pagada por las propias víctimas.
Significa que nuestra fe y nuestras prácticas no sean atacadas por leyes que dictan cómo debemos comer o si podemos circuncidar a nuestros hijos.
Significa que las escuelas enseñen sobre nosotros: nuestras raíces, nuestros valores, nuestro pasado y nuestro futuro.
Significa que las escuelas judías, centros culturales y museos estén debidamente financiados y apoyados.
Significa que nuestro patrimonio no esté oculto tras vallas y guardias armados, sino celebrado y apreciado como parte de la historia de la humanidad.
Significa que el derecho del pueblo judío a vivir, y la forma de vida judía, ya no estén sujetos a debate.
Necesitamos urgentemente ser protegidos en el derecho nacional e internacional mediante un estatus especial de protección. No se trata de privilegio. Se trata de la supervivencia misma de un pueblo y de la integridad de un continente.
Y, sobre todo, se trata de que quienes hoy se levantarán y jurarán «nunca más» demuestren que realmente lo dicen en serio.
(*) El rabino Menachem Margolin es presidente de la European Jewish Association, con sede en Bruselas, que representa a más de 650 comunidades judías en toda Europa.
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