‘Mopongo’ contra Andalucía

‘Mopongo’ contra Andalucía

Andalucía, donde empieza España. Donde se explica y se entiende la nación. Donde más arraigo hay de sus tradiciones y anidan más vestigios históricos y arqueológicos. Fue en el sur donde fecundaron las primeras ciudades -fenicias- y en el sur donde la vida se concibe desde la alegría que otorga el sacrificio de una tierra tan castigada como olvidada, tan única como diferente. También, a la hora de convocar elecciones.

Ahora, Andalucía, espejo de toda España, para bien y para mal, llama a sus ciudadanos a las urnas para definir si quiere dejar atrás el atraso secular que la izquierda multiplicó entres corruptelas y justicia social, o sea, robo legal de la riqueza ajena, o por el contrario consolidar su crecimiento bajo un modelo que debe ir más allá del implantado por el gobierno de Juanma Moreno. O el ecosistema de la subvención, o el modelo de desarrollo económico combinado con protección social. Y de esa elección participan muchos partidos, desde su programa hasta su discurso, con los matices obvios por distinción de clientela y clientelismo.

No se fíen de los sondeos. Ni de las encuestas. La mayoría están pagadas para que reflejen lo que quiere el pagador y acabe por crear un estado de opinión pública diferente al real. Pocas veces modifican un contexto ya establecido de forma paulatina durante una o más legislaturas. El respaldo social que tiene el candidato popular se ha basado en una forma inteligente de gobernar y entender Andalucía. Adquirió hace cuatro años los votos y votantes que Ciudadanos, en su ocaso anunciado, dejó por el camino, tras una mala campaña y unas decisiones del todo ilógicas. También consiguió apoyo de una parte de la abstención que una vez votó al PSOE. Pero no logró la mayoría por arrasar el voto socialista, como muchos gurús desnortados creen en Génova, esos mismos que hicieron la campaña donde el propio Juanma Moreno sacó los peores resultados del PP en la comunidad. Para que sepa Feijóo a quién le han metido dentro para su futuro asalto a la Moncloa.

Juanma ganará porque comparece sin oposición, que también es una victoria a gestionar. A la escudera más fiel y servil a Sánchez no la quieren en su tierra. Si bien no hay que subestimar la tupida red clientelar del PSOE en Andalucía, aún no desmontada y que continúa alimentándose de los resquicios que dejaron los anteriores gobiernos, sentenciados por corruptos tanto en las urnas como en los tribunales, Marisú Mopongo Montero representa la decadencia de una formación que ha ido desangrándose de manera territorial en Andalucía con la misma velocidad con la que la empobrecía mientras robaba a sus ciudadanos. Resiste una memoria que se acuerda de los ERE, y de los clubes de alterne, y de los sindicatos trincones de los cursos de formación, y de la operativa rebaña subvenciones bajo la que han vivido a gusto miles de socialistas de mentalidad. Que en Andalucía eran muchos, pero que ya van quedando menos.

Y los que quedan, no pueden ni quieren las mentiras y forma de gobernar de Mopongo. El trasvase a Vox desde filas socialistas no deja de crecer y ya representa en muchas provincias una seria alternativa al PP. Consolidarse como segunda fuerza en enclaves como Almería, Huelva, Málaga o Cádiz, todas ellas bajo el sufrimiento migratorio y la delincuencia constante, representa un terremoto nacional cuyos efectos durarán hasta las generales. En Vox no importa el candidato, sino la marca, y cómo han gobernado el contexto desde que entendieron, antes que nadie, por dónde circulaba la Europa que viene y los jóvenes que se resisten a marchar.

Por su parte, la izquierda a la izquierda en Andalucía se disputa quién obtiene el penúltimo puesto en el escalafón de partidos a los que ya nadie hace caso. Por un lado, Adelante Andalucía presenta a un buen candidato, José Ignacio García, profesor con amplia experiencia parlamentaria, buen gusto por el debate e intercambio de ideas y con discurso apegado a un contexto de fieles tan reducido como batallador. Mientras, la unión de residuos comunistas aunados bajo las siglas Por Andalucía (Izquierda Unida, Sumar, y a última hora, Podemos) intenta mantener la cuota de populismo de puño cerrado y expropiación retórica a la realidad. A estos, como al PNV, también se le mueren los votantes, esos comunistas viejos que van a los mítines con la nostalgia soviética como bandera. Su candidato, Antonio Maíllo, de discurso afilado y veterano en campañas y tribunas, azuza a la vieja tribu que ya no quiere pan y tierra, sino descanso eterno. Pero algo tenían que hacer, o se quedan sin comer. Al menos, conservan más dignidad y menos mentiras a sus espaldas que la candidata que menos –y peor- representa hoy a la Andalucía de sonrisa y saeta, de culto y tradición, de progreso y celebración. Si los andaluces debemos oponernos hoy a algo en nuestra tierra, es a esa paracaidista que Sánchez nos ha colocado con su habitual felonía calculada.

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