Montero se vuelve a Madrid el lunes
«Jamás hubiera hecho un modelo de financiación que hubiera beneficiado a Andalucía», afirmó María Jesús Montero en el segundo debate de los candidatos a la Presidencia de la Junta de Andalucía. Y, a continuación, reafirmó: «Que hubiera beneficiado a Andalucía». Posiblemente, este sea solo uno más de los muchos traspiés de la candidata de Pedro Sánchez, que seguramente quiso decir «perjudicado» cuando, por dos veces, repitió «beneficiado». Pero este error ilustra perfectamente el desempeño llevado a cabo por la exministra de Hacienda durante esta campaña electoral, teniendo en cuenta que solo dos meses antes de proclamarse oficialmente candidata y renunciar a su cartera ministerial, había sido la responsable de presentar el nuevo modelo de financiación autonómica exigido por Cataluña, en el que se aplica la «bilateralidad» y el «principio de ordinalidad» exigidos por ERC. Nadie podrá negar que tiene mérito intentar utilizar la financiación singular de Cataluña para pedir el voto en Andalucía.
Montero ya había empezado la campaña a lo grande, autoproclamándose la mujer «más poderosa de la democracia» y poco menos que recordando a los andaluces lo mucho que quedaban en deuda con ella por hacerles el favor de permitirles que la votaran. Marisú del Gran Poder, la rebautizaron algunos cuando afirmó, con la locuacidad que la caracteriza, que «lo realmente importante» era que «decida presentarse a unas elecciones autonómicas», alguien que, como ella, es «una persona que tiene grandes responsabilidades en el Gobierno, en este caso, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, que probablemente ha sido la persona o la mujer, sin duda, con más poder del conjunto de la democracia, que ha tenido responsabilidades que, en definitiva, han supuesto más poder». Que se quiten María Teresa Fernández de la Vega y Soraya Sáenz de Santamaría. M’opongo no necesita abuela que la eleve a la altura de Isabel la Católica.
Seguramente, la metedura de pata más sonada de una candidata que se caracteriza por su verborrea, sus frases extremadamente largas y cargadas de hipérboles, y su sobreactuado acento andaluz haya sido cuando el pasado lunes se refirió a la muerte de los dos guardias civiles en acto de servicio como «accidentes laborales de los que entre todos tenemos que acabar». Aunque luego intentó echarle la culpa al líder comunista de Por Andalucía, Antonio Maíllo, asegurando que ella se refería a su intervención previa y disculpándose con las familias y compañeros de los fallecidos, lo cierto es que las críticas por tan desafortunadas palabras no han dejado de llegarle desde todas las asociaciones de guardias civiles y policías, que califican lo ocurrido «como mínimo, de un homicidio por imprudencia grave, lesiones, atentado, delito contra la salud pública y organización criminal», por lo que llamarlo «accidente laboral» es un insulto para aquellos «agentes que estaban defendiendo el Estado de Derecho».
Tantos y tan grandes han sido los errores cometidos por María Jesús Montero durante la campaña electoral que se hace obligatorio recordar el hecho de que, asombrosamente, se ha empeñado en mantener su acta de diputada en el Congreso, diciendo que «abandonaré mi escaño (en el Congreso) cuando tome posesión de mi escaño en el Parlamento andaluz y sea presidenta de la Junta de Andalucía porque no voy a ser diputada; voy a ser presidenta», dando a entender que, si como pronostican todas las encuestas, los resultados del PSOE se confirman como los peores de la historia, les va a decir a los andaluces: «ahí os quedáis, porque no os merecéis a alguien tan grande como yo». Marisú del Gran Poder no quiere quedarse en Andalucía, así que está haciendo todo lo posible para que el PSOE se descalabre y así poder volverse a Madrid el lunes.