Manual del político pillado
Cómo actuar en caso de ser acusado de corrupción. Teoría y práctica. Lecciones de un experto. Por Pedro Sánchez, doctor cum fraude, alias, P.S. Basado en casos reales.
Introducción: Si a pesar de fontaneras valientes, directoras contra la Guardia Civil y fiscalías dependientes, llega la UCO, la UDEF y un juez que hace su trabajo y descubren audios en saunas, papeles con tu nombre, facturas falsas y fajos de billetes o joyas, nuestros ministros, concejales y periodistas del régimen deben saber cómo ha de actuar un líder del siglo XXI. Aquí va el método de los cinco pasos de Maquiapedro.
Lección 1. La negación directa. La más fácil e infantil de las técnicas, la que ya usaba usted cuando alguien le decía su madre que le habían visto fumando: todo es mentira, bulos y fango. Esta técnica debe ser usada como defensa y como ataque; así, lance usted también bulos, como con la bomba lapa y tantos otros. Y mucho fango, como decir que los jueces prevarican, pero sin decir quiénes y sin querellarse. Ese sí que es fango del bueno. Tiende usted a victimizarse y acusar a los acusadores, todo es una campaña contra el gobierno bonito. Lawfare, lo llaman.
Lección 2. Desconocimiento y sorpresa. Cuando eso ya no se sostiene, puede usted pasar a la segunda fase, tome distancia. Así, aunque los pillados sean sus máximos colaboradores y aparezcan implicados sus jefes de gabinete o estrechos colaboradores de Moncloa, diga muy convencido eso de «no sabía nada, nadie me dijo nada». Y, con las cejas en arco, arrugando frente y cara de compungido, repita frases como: «En lo personal, todos eran unos perfectos desconocidos para mí». Esto puede acompañarlo de anuncios de medidas drásticas, urgentes y contundentes. Pero como con la vivienda, solo anunciar, ya saben. Lo de ejecutarlas, ya si eso.
Lección 3. Minimizar. Los incautos que aún le creerán van siendo menos. Es hora de pasar a la tercera fase: solo son casos aislados, no es para tanto, pelillos a la mar. Total, solo llevamos los de Koldo, Ábalos, Santos Cerdán, Leire, Begoña, el hermano, el fiscal, el delcygate y sus maletas, pucherazo de primarias, Servinabar, la SEPI y, atentos a la próxima entrega, los hidrocarburos.
Lección 4. Compararse. Cuando la cosa ya empieza a parecer corrupción generalizada, es hora de la más famosa de las técnicas: el «y tú más». A esta le ayudarán ministros corales, diputados palmeros y periodistas sectarios. Se trata de conseguir que sus votantes digan aquello de «son todos iguales», frase que, claro, solo dicen cuando pillan al propio; cuando pillaban al contrario, no la decían.
Lección 5. Saturar, distraer y amenazar. Cuando son tantos los casos, tan graves, y aquí no dimite nadie, puede usted iniciar la huida hacia delante y aburrir y cansar al personal. Algunos incautos no saben que acostumbrarse al escándalo es otro escándalo y, acostumbrados, será más fácil que repitan aquello de «son todos iguales» y sigan votándole. A esto también ayuda que se hable de otra cosa. Con el Papa ya en Roma, aún nos queda el fútbol. Busque algo para distraer al personal y, si no lo encuentra, vuelva a enterrar y desenterrar a Franco. Y ya que hablamos de Franco, amenace con que viene la ultraderecha. Aún hay gente que cree en el Coco y en oficinas de artes escénicas.
Epílogo. Y, sobre todo, no olvide mantener contactos efectivos (y en efectivo) con los pillados para evitar que se hagan un Aldama y canten la Traviata, hay que mantener que P.S. no es ni Pedro Sánchez ni Pillado Sánchez. Si todo falla, siempre nos quedará el indulto o Conde-Pumpido, como con los ERE.
Hasta aquí nuestro manual para políticos pillados. Próximamente, nuevo curso avanzado sobre cómo dar un pucherazo. Con expertos de Venezuela y prácticas en primarias del PSOE.