Gambas para Sánchez y menas para Ceuta

Opinión Sergio Fidalgo

Es impresionante comprobar lo poco que le importan a Pedro Sánchez las desgracias que sufren los españoles. Mientras Ceuta está viviendo la peor crisis de su historia reciente y una de las situaciones más delicadas que haya vivido últimamente cualquier ciudad española, el presidente del Gobierno, con su familia y a costa de todos los españoles, se lo pasa de narices en sus alargadas vacaciones en La Mareta. El resumen de la situación es evidente: gambas para Begoña y los padres de Pedro, y menas para los ceutíes, que apenas pueden salir a la calle ante el incremento de la inseguridad causada por la riada humana de inmigrantes ilegales que aún permanece en sus calles.

Cada vez hay más españoles que no pueden hacer vacaciones fuera de su ciudad. O, como mucho, se pueden escapar unos pocos días. Y la depredadora política fiscal de Sánchez es una de las principales razones del empobrecimiento de la cada vez más depauperada clase media en nuestro país. Dinero que se malgasta en comprar los votos de los partidos separatistas y en los chiringuitos y clientelismos de los socialistas y Sumar. Lo de Ábalos y lo presunto de Santos Cerdán palidece ante la montaña de dinero público destinado a un sinfín de sindicatos, entidades «amigas» y colectivos «sociales» que enchufan a buena parte de los «activistas» que luego salen a la calle cuando el PSOE o el resto de la ultraizquierda toca el pito.

Las vacaciones alargadas de Sánchez son un auténtico insulto a nuestro país, que ve cómo el Gobierno es un auténtico lacayo de la dictadura marroquí que ha invadido Ceuta y que presume de que «ho tornarà a fer». Al PSOE le encanta este tipo de amenazas, como vemos a diario en Cataluña. Además, este Ejecutivo enreda más que ayuda a apagar los incendios que han asolado buena parte de la nación y cuenta con un ministro –Óscar Puente– que ha destrozado nuestro antaño eficaz sistema de alta velocidad, ha empeorado hasta límites inaguantables la eterna crisis del servicio de cercanías e insulta a todo el mundo mientras nuestras carreteras y autopistas se deterioran día a día. Mientras, en La Mareta está instalado el «todo incluido» para el presidente y sus insignes invitados, y solo espero que, si les dan una pulserita para que puedan comer y beber a gusto, no haya sido proporcionada por José Luis Rodríguez Zapatero, que ha demostrado tener cierto afán por la posesión de «bisutería» de todo tipo.

Mientras Pedro Sánchez sigue de vacaciones a tutiplén, es terrible ver cómo los ceutíes se ven rodeados por ilegales que se han apoderado del espacio público por culpa de la política destructora de la identidad nacional que practica este Gobierno. De la misma manera que en Francia la extrema izquierda de Mélenchon –que tiene la hegemonía dentro del progresismo galo– ha pasado de representar a los obreros franceses a ser el partido de los inmigrantes musulmanes, el PSOE ha iniciado el mismo camino sin retorno. Dado que su tradicional votante de las antaño clases populares les está abandonando, los socialistas han decidido cambiar la composición social de nuestro país para seguir gobernando en el futuro. De ahí que disculpen a Marruecos tras la invasión de Ceuta y sigan con su política de puertas abiertas para crear nuevos votantes dependientes de las ayudas —los inmigrantes— que, a medida que vayan consiguiendo la nacionalidad, serán sus nuevos apoyos. O eso piensan en Moncloa. Ceuta y Melilla son, para los socialistas, meras monedas de cambio en la creación, a medio y largo plazo, de una nueva base electoral.

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