Estar cada vez peor es la normalidad en Ceuta

Opinión Liberal Enfurruñada

Feria suspendida, saqueos, bares, restaurantes y comercios cerrados, empresarios arruinados, tumultos, reyertas, robos, peleas, cuchilladas, navajazos, agresiones sexuales también a niñas, okupaciones, decenas de miles de personas sin techo deambulando por las calles, haciendo sus necesidades en cualquier lado, durmiendo sobre cartones, basura por todos lados, brotes infecciosos, servicios sanitarios a punto de colapsar, playas convertidas en estercoleros, policías agredidos, miedo, llanto, desesperación. Porque, como denunciaba este miércoles el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, tras reunirse con la ministra de Defensa, Margarita Robles, la ciudad autónoma se encuentra «peor que cuando empezó la semana» en lo que respecta a la situación de las decenas de miles de inmigrantes ilegales que aún no han regresado a Marruecos después de la invasión.

Todos os acordáis de la que le montaron a Carlos Mazón, tanto la extrema izquierda como la izquierda saunista, porque estaba comiendo en El Ventorro con la periodista Maribel Vilaplana el día de la DANA, prolongando la sobremesa hasta las seis de la tarde y sin acudir al Cecopi, del que él no formaba parte, hasta 15 minutos después de que se enviara el mensaje de alerta masiva (ES-Alert), justo en el momento en el que se estaban produciendo las peores inundaciones. Pues ahora comparad aquella situación con la de un presidente del Gobierno que se ha llevado a sus padres de vacaciones a la Residencia Real de La Mareta, en Lanzarote, donde los atiende un personal de servicio vestido de uniforme, mientras él se va a bucear, utilizando una de las tres lanchas que dispone la Guardia Civil, que ha sido «embargada» para su uso y disfrute, mientras los españoles de Ceuta lloran desesperados, abrazándose a cualquier ministra cantamañanas que creen que podría ayudarles si quisiera y El Saunas la dejara. Sin ofender a Marruecos, claro está.

Algunos se rieron de la fotografía oficial que difundió Moncloa tras la reunión telemática que Sánchez presidió el viernes para analizar la invasión migratoria de Ceuta, sin moverse de su lugar de vacaciones. A mí, que editaran la imagen para ocultar las chancletas o las alpargatas, o que Sánchez fingiera desplazar un ratón óptico sobre una superficie de cristal para aparentar estar haciendo algo, me parece que solamente deja de manifiesto la escasa profesionalidad de los asesores que enchufa para que se embolsen un inmerecido sueldo. Lo que para mí resulta realmente indignante es que el presidente del Gobierno, buceando, esquiando o tumbado a la bartola, no dé las instrucciones oportunas para que los responsables que tiene bajo su mando pongan orden en Ceuta y solucionen los muchos problemas que sus habitantes llevan casi dos semanas denunciando, con toda la razón.

Sánchez puede cogerse las vacaciones que le salgan de las narices, lo mismo que Mazón debería haber podido prolongar la comida las horas que hubiera querido. Incluso algunos podemos creer que El Saunas es menos dañino estando de vacaciones que trabajando, o como se diga lo que él haga habitualmente cuando no está descansando. Lo que al presidente del Gobierno se le debe echar en cara es que, por no ofender a Marruecos, la vida en Ceuta se haya convertido en una aventura extrema. Porque sacar más militares a las calles sería mal visto por los alauitas; enviar centenares de policías antidisturbios desde la península tampoco agradaría al vecino del sur; y coger toda la morralla que ha invadido ilegalmente la ciudad y barrerla hasta el puesto fronterizo, quieran o no los gendarmes marroquíes, podría ser mal acogido por los de Mohamed VI. Todo lo que podría hacer que la vida de los españoles de Ceuta volviera a la auténtica normalidad molestaría a aquellos que, presuntamente, averiguaron con Pegasus todo lo que había en los móviles de Sánchez y Marlaska. Así que el presidente del Gobierno va a seguir sin hacer nada y en Ceuta deben acostumbrarse a que estar cada vez peor es su nueva normalidad.

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