Declaración sobre Ormuz en lenguaje trumpista
Nunca se habían escuchado por parte de un dirigente político occidental —cuando menos de una cierta relevancia— expresiones como las que los medios reproducen pronunciadas por Donald Trump en una entrevista en la cadena Fox News. Dirigidas a la República islámica de los ayatolás iraníes, con ocasión del bloqueo al que tienen sometido el estrecho de Ormuz. Que afecta al tráfico de un 20% del petróleo mundial y que está afectando seriamente a su apoyo electoral, según las encuestas publicadas. Esas declaraciones a Irán decían: «Abrid el put… estrecho, locos cabr…, o vais a vivir en el infierno». Las formas en la vida siempre deben acompañar de manera adecuada la defensa del fondo de la cuestión planteada. Ya que la educación y el respeto son virtudes humanas necesarias para una convivencia cívica entre las personas. Que tienen derecho a defender y plantear posiciones sobre cuestiones tanto políticas como de otro tipo, pero siempre con educación y respeto hacia quien opina de manera distinta a las suyas.
Escuchar a todo un presidente de EEUU dirigirse de esta manera a un país, aunque esté en guerra con él, es algo inaudito. No se trata de ser «trumpista o antitrumpista», sino de ser defensor de la buena educación, en unos tiempos en los que ésta parece encontrarse en una auténtica crisis y tanto a nivel nacional como internacional, por lo que vemos.
Estamos observando que en los medios audiovisuales nacionales se están utilizando en las tertulias con aparente naturalidad expresiones de características similares a las utilizadas por Trump.
Una práctica que siempre estaba ausente por considerar que eran expresiones malsonantes e impropias de su uso público y publicado, y que hoy se consideran como correctas, adecuadas, y quizás «progresistas». Hace tiempo que se intenta normalizar su uso público y la declaración de Trump quizás consiga el beneficio, ni esperado ni buscado, de servir de antídoto frente a ello.
Si así se produjera, habría que aplicar una vez más la máxima de que «no hay mal que por bien no venga». Bastaría quizás calificar como «trumpista» a esa conducta para que ese objetivo se pudiera conseguir. No hemos podido rehuir esta cuestión que parece ajena a un análisis político sobre la compleja situación geopolítica global, pero dicho queda. A todo esto, la referida declaración «trumpista» hacía referencia al bloqueo del estrecho de Ormuz.
Que además de las consecuencias económicas derivadas de la crisis energética provocada, está derivando también importantes cambios políticos en la zona. Uno de ellos afecta a la organización terrorista islámica chiita Hezbolá, que desde el Líbano ha declarado la guerra contra Israel, lo que ha provocado la destrucción de gran parte del sur del país y su ocupación por parte del ejército israelí, invocando razones de seguridad nacional. Este hecho ha provocado que el presidente de Siria haya ordenado la desmilitarización de Hezbolá, tentáculo de los ayatolás con acusada presencia en el país sirio. La experiencia de lo sucedido con su vecino Líbano a causa de los terroristas chiitas dependientes de Irán ha motivado esta decisión. Y no debe olvidarse que el preludio de la actual guerra fue el ataque terrorista de Hamás desde Gaza, ocurrido en el sur de Israel, que provocó más de 1.200 víctimas mortales y centenares de rehenes políticos. Y que Hamás es una organización similar a Hezbolá, al igual que los hutíes del Yemen, que comparten su vinculación con el régimen de los ayatolás.
También su decidida voluntad de «echar a los judíos al mar», eliminando el Estado de Israel. Entre tanto, en Oriente Medio se contiene la respiración a la espera de la anunciada comparecencia de Trump, que presuntamente ha de confirmar si el infierno anunciado para hoy se desencadena o si como es habitual últimamente en él, se aplaza. Sea por la consecución del rescate del coronel piloto del caza derribado o porque «prosperan» las negociaciones bilaterales o trilaterales entre EEUU, Irán e Israel. Ó quizás por ambas cosas a la vez. En cualquier caso, será buena noticia que no descienda ese infierno anunciado. Y que no se anuncie mediante otra declaración «trumpista».
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