Adiós al ‘hombre/press’ del Rey Felipe
«El tiempo todo lo puede», que diría mi admirado Claudio Sánchez-Albornoz, el mejor historiador español de todos los tiempos. Los treinta años que parecen haber llegado hasta Jordi Gutiérrez, el hombre/press del Rey Felipe en distintas temporadas.
El catalán conocía y conoce como nadie las vísceras de un oficio tan extraño en la capital de un país sumamente aficionado a los chismes, máxime si se trata de la Familia Real, cuya veda se levantó al conocerse las andanzas del rey que lo había sido de varias generaciones de plumillas.
En efecto, el tiempo todo lo puede y llega por igual a patricios y plebeyos.
Jordi ha contado con la confianza del Rey Felipe, quien –a diferencia de su padre– siempre concedió especial importancia a los medios y profesionales. Treinta años pululando por las faldas del jefe del Estado en circunstancias tan complejas –en muchos casos La Zarzuela pudo parecer el Cabo de Hornos– no es cualquier cosa. De ahí que tenga que conceder necesariamente un recordatorio de lo vivido a un entrañable colega que, al menos para el que suscribe, siempre fue respetuoso y cabal. El resto me importa muy poco. Gutiérrez, con su especial sentido del humor, durante tres décadas entendió su rol al lado del Monarca, que no era otra cosa que permanecer en la desenfilada –aún penumbra– y ello en los tiempos aciagos que corren no es asunto baladí.
Valoro especialmente el hecho de que mantuvo su propio paso cuando el cierzo rugía y el entender que la vida, al fin y a la postre, no es otra cosa que una concatenación inmarcesible donde siempre manda el factor suerte.
¡Hasta luego, Jordi!
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