Cataluña
Gastronomía Catalana

Era un plato tradicional de los campesinos en Gerona y hoy lo recomienda el chef José Andrés

Su preparación y consumo han sido transmitidos de generación en generación

Su origen se relaciona a la cocina de montaña

Destaca por ser un plato especialmente apreciado en el norte de la comunidad

Con los años se recuperan platos muy arraigados a la cultura popular. En este caso el plato tradicional de los campesinos catalanes es el trinxat, es uno de los platos más emblemáticos de la cocina tradicional catalana y un símbolo cultura, arraigado en la comarca de Cerdanya. En su web, uno de los cocineros españoles más internacionales, el chef José Andrés, destaca este plato y hasta tiene receta propia.

En general, el trinxat (o trinchado), más que una receta sencilla elaborada con patata y col, representa siglos de adaptación al territorio, al clima de montaña y a las formas de vida rurales. Surgido en un contexto de subsistencia, este plato resume la relación histórica entre alimentación, identidad y comunidad. Su preparación y consumo han sido transmitidos de generación en generación como parte esencial del patrimonio gastronómico catalán reconocido dentro y fuera de Cataluña hasta la actualidad cultural hoy. A lo largo del tiempo, el trinxat pasó de ser un plato cotidiano de las casas campesinas a convertirse en un emblema culinario celebrado en ferias, jornadas gastronómicas y restaurantes.

Origen del plato tradicional de los campesinos catalanes que destaca el chef José Andrés

Su origen se relaciona a la cocina de montaña, donde la combinación de alimentos energéticos resultaba esencial para afrontar inviernos largos y duras jornadas de trabajo. En la Cerdanya, el trinxat se elaboraba tras la cosecha de la col de invierno, aprovechando productos locales, económicos y fácilmente conservables.

Este plato, preparado en familia, reforzaba las relaciones comunitarias, saberes compartidos y el sentido de pertenencia territorial. Hoy su presencia institucional y cultural demuestra cómo la tradición gastronómica puede adaptarse sin perder autenticidad ni memoria colectiva. De esta manera, diversas entidades han contribuido a su difusión como patrimonio vivo del Pirineo catalán con proyección histórica, social y turística reconocida a nivel nacional e internacional.

El nacimiento del trinxat está estrechamente ligado a las condiciones geográficas y climáticas de la Cerdanya, una comarca de alta montaña situada en los Pirineos orientales. Durante siglos, la población local desarrolló una economía agrícola y ganadera basada en la autosuficiencia.

Las patatas y las coles, resistentes al frío intenso y de fácil almacenamiento, se consolidaron como alimentos esenciales en la dieta diaria. El trinxat surgió así como una solución práctica para aprovechar estos ingredientes, combinándolos con grasa animal para obtener un plato calórico y reconfortante, adaptado a las exigencias físicas del entorno rural.

El trinxat: un reflejo de la vida rural tradicional

Más allá de su función nutricional, este plato tradicional de los campesinos catalanes representa una forma de entender la vida rural y la organización comunitaria. Su preparación estaba asociada a momentos concretos del calendario agrícola y al reparto de tareas dentro del hogar.

De ese modo, cocinar trinxat implicaba compartir conocimientos culinarios transmitidos oralmente, reforzando la cohesión familiar y social. Según el Instituto Catalán de la Cocina Catalana, platos populares como este forman parte del patrimonio cultural, ya que preservan técnicas, valores y costumbres que definen la identidad colectiva catalana.

Tradición, identidad y patrimonio cultural catalán

El trinxat no solo alimentó a generaciones de habitantes de la Cerdanya, sino que también contribuyó a construir una identidad compartida. En un contexto de modernización y cambios sociales, la recuperación de recetas tradicionales ha sido fundamental para mantener viva la memoria histórica.

La Generalitat, a través de programas de promoción de la gastronomía tradicional, destaca el valor cultural de platos como el trinxat por su capacidad para explicar la historia del territorio, la relación con el entorno natural y las formas de vida de sus comunidades.

Del ámbito doméstico a la proyección gastronómica actual

En la actualidad, este plato tradicional de los campesinos ha trascendido el ámbito doméstico para ocupar un lugar destacado en la oferta cultural y turística de la Cerdanya. Desde diferentes ferias gastronómicas y cartas de restaurantes lo reivindican como símbolo de la cocina catalana de montaña.

Esta proyección contemporánea se convierte en una reinterpretación respetuosa que mantiene la esencia original del plato. De este modo, el trinxat conecta pasado y presente, demostrando que la tradición culinaria logra trascender y mantenerse en la modernidad.

Hablar de trinxat es hablar de historia, territorio y cultura compartida. Su permanencia confirma que la gastronomía tradicional no es un vestigio del pasado, sino un patrimonio vivo en constante adaptación.

En ese sentido, instituciones como Cerdanya Viva han contribuido a su difusión y valorización cultural. En la Cerdanya, este plato continúa siendo un referente identitario que recuerda cómo los platos más sencillos pueden encerrar significados culturales profundos y duraderos, reforzando el vínculo entre alimentación, memoria y comunidad.

Dónde comer el mejor trinxat

Bornès

El nuevo restaurante con coctelería que acaba de abrir en el Born se basa en la tradición de la gastronomía catalana y mientras se cocinan y se disfrutan, se actualizan. Comerás desde el trinxat de la Cerdanya al fricandó, de los macarrones de festivo (a la cardenal) en la mesas más pudientes a la humilde clotxa de las Terres de l’Ebre.

Bar La Ravala

Donde comer desde la explosiva bomba de trinxat con patatas, cansalada de cuello, butifarra negra, mayonesa de butifarra negra y aceite de mielo con bicho y ajo.

Casa Pagès

Este bar de siempre cumple 70 años con los llamado desayunos de cuchada. Sus protagonistas: butifarra con judías y allioli, lhabas a la catalana, las carrilleras guisadas al vino tinto, trinxat de la Cerdanya o las albóndigas de la abuela, junto a otros imprescindibles como la esqueixada.