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Saltan las alarmas en Indonesia: solo quedan 800 ejemplares de este simio y las lluvias han matado al 10%

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El mundo animal es uno de los sistemas más complejos que existen. Entre especies grandes y llamativas, también existen otras mucho más discretas que terminan perdiéndose casi sin que nadie lo note, y este simio es una de esas historias.

Este primate vive exclusivamente en una pequeña región al norte de la isla de Sumatra, en Indonesia, y depende de un equilibrio muy frágil para sobrevivir. Sin embargo, el cambio climático y la presión humana se han convertido en el enemigo que lo lleva al límite.

Este es el simio que sobrevive en un territorio cada vez más reducido

El protagonista de esta historia es el orangután de Tapanuli (Pongo tapanuliensis). Fue declarado especie propia en 2017, cuando un estudio confirmó sus diferencias genéticas y morfológicas. Pertenece al linaje más antiguo del género Pongo y con frecuencia se confunde con otros orangutanes de Sumatra.

Se estima desde hace años que quedan menos de 800 ejemplares en libertad. No obstante, investigaciones posteriores han afinado la cifra y la sitúan entre 577 y 760 individuos, si se descuentan las zonas degradadas o con caza persistente. Por ello, el núcleo poblacional más estable ronda los 600.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo incluye en la categoría de En Peligro Crítico. Uno de los principales problemas es su reproducción extremadamente lenta, pues perder un 1% anual de adultos puede desencadenar un declive irreversible que no tendría fácil recuperación.

El impacto de las lluvias extremas en la supervivencia del orangután de Tapanuli

En 2025 se ha vivido un escenario muy duro para la especie. A finales de noviembre, lluvias torrenciales descargaron más de 1.000 milímetros en apenas unos días sobre el ecosistema de Batang Toru. El agua saturó laderas ya debilitadas y provocó deslizamientos masivos. El problema es que no cayó sólo barro, sino también árboles enteros, rutas de paso y zonas de alimentación para los primates.

Los equipos que analizaron el impacto estimaron la muerte de entre 33 y 54 orangutanes. En una población tan pequeña, eso equivale a entre un 6% y un 10% en cuestión de días. Ese es un golpe que no se corrige con una buena temporada de cría, porque las hembras tienen su primera cría hacia los 15 años y después espacian los partos hasta nueve años.

Batang Toru, la zona donde viven muchos de estos ejemplares, combina pendientes pronunciadas y un suelo sensible a la erosión. Cuando la cubierta forestal se fragmenta por la minería, las infraestructuras o las plantaciones, la tierra pierde su anclaje natural. Al final, la lluvia encuentra el terreno más frágil y el desastre se multiplica.

Además, la fragmentación deja islas de bosque aisladas. El orangután es arbóreo y evita bajar al suelo. Si una carretera o una explotación divide el dosel, el grupo queda separado. Sin intercambio genético y sin acceso a nuevos recursos, la viabilidad a largo plazo se reduce.

Qué se está haciendo para proteger a este simio en Indonesia

Durante años, científicos y organizaciones conservacionistas han pedido un plan específico de gestión y la creación de corredores que conecten los tres bloques forestales donde sobrevive la especie. Sin continuidad territorial, la población se convierte en pequeños grupos vulnerables a cualquier sobresalto.

Indonesia ha anunciado la revocación de varios permisos de explotación en la zona y acciones legales contra empresas responsables de daños ambientales. Sin embargo, eso se lee sólo como un paso. Ahora falta que el bosque se recupere y que las decisiones se mantengan en el tiempo.