Los datos lo confirman: el regreso del bisonte ya está restaurando ecosistemas y absorbiendo carbono en toda Europa
El bisonte europeo, el mayor mamífero terrestre del continente, estuvo al borde de la extinción en el siglo XX tras décadas de caza y pérdida de hábitat. En 1927 desapareció en libertad y sólo sobrevivían unas decenas de ejemplares en cautividad.
Casi un siglo después, los programas de cría y reintroducción han cambiado ese escenario. Hoy, miles de bisontes vuelven a ocupar bosques y montañas de Europa, con nuevas poblaciones en expansión que ya resultan clave para mejorar la biodiversidad y reforzar la captura de carbono en los ecosistemas.
Los expertos confirman que los bisontes refuerzan la captura de carbono en Europa
El bisonte europeo, conocido científicamente como Bison bonasus, ya vive en libertad en países como Rumanía, Polonia, Alemania o Reino Unido y está modificando el entorno a su paso al impulsar la biodiversidad y favorecer la captura de carbono en distintos ecosistemas del continente.
El efecto del bisonte se aprecia en el terreno. En el bosque de Blean, en Reino Unido, los gestores detectan cambios claros pocos años después de su llegada. Los animales derriban árboles jóvenes, descortezan arbustos y se mueven de forma constante en busca de alimento.
Esa actividad abre claros en zonas muy densas y permite que la luz alcance el suelo. Como resultado, aparecen nuevas plantas y aumenta la presencia de insectos y aves. El bosque deja de ser uniforme y gana variedad, algo que mejora su resistencia frente al cambio climático.
En Rumanía, un equipo de la Universidad de Yale, en colaboración con WWF Rumanía y la Global Rewilding Alliance, ha medido ese efecto con un modelo informático publicado en Journal of Geophysical Research: Biogeosciences.
Los 170 bisontes reintroducidos en los montes Țarcu pastan en unos 48 km² de pastizales dentro de un paisaje de 300 km² y contribuyen a capturar unas 54.000 toneladas adicionales de carbono al año, casi 10 veces más de lo que el ecosistema capturaría sin ellos.
Al pastar de forma continua, estimulan el crecimiento de raíces profundas que almacenan carbono. Sus pisadas compactan el suelo y reducen la liberación de carbono antiguo. El estiércol fertiliza la tierra y activa microorganismos que fijan materia orgánica.
El profesor Oswald Schmitz, autor principal del estudio, sitúa ese impacto en un rango equivalente a retirar de la circulación entre 43.000 y 84.000 coches de gasolina estadounidenses al año, según el margen de error del modelo, cercano al 55%. Su equipo estima que proteger y restaurar poblaciones de grandes animales en todo el mundo podría aumentar la captura de carbono en los ecosistemas entre un 60 y un 95%.
¿En qué otros ámbitos se nota el impacto del bisonte?
El regreso del bisonte también impulsa la economía rural. El turismo de naturaleza crece alrededor de las manadas, especialmente en Europa del Este. Guías, alojamientos y actividades vinculadas a la observación de fauna generan ingresos en zonas con poca actividad económica.
Europa ha recuperado una especie que desapareció hace menos de un siglo en libertad. Su presencia vuelve a activar procesos naturales que llevaban décadas interrumpidos. Los cambios ya son visibles en suelos, vegetación y fauna, y marcan el ritmo de la recuperación en varias regiones del continente.