Ecosistemas

Los científicos estudian los árboles más antiguos del mundo y hallan una red de hongos subterráneos desconocidos

los árboles más antiguos del mundo
Alerce Abuelo ubicado en el Parque Nacional Alerce Costero. Foto: Gonzalo Zúñiga Solís en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
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El alerce chileno (Fitzroya cupressoides) es uno de los árboles más antiguos del mundo, superado en edad solo por el pino de larga vida norteamericano (Pinus longaeva). Sus bosques son de los ecosistemas con crecimiento más lento de la Tierra, lo que permite que el carbono se acumule durante siglos en sus suelos. En el sur de Chile, ciertos ejemplares superan los 3.600 años.

La especie figura como «en peligro» en la Lista Roja de la UICN. En 2022, un equipo formado por investigadores de cuatro instituciones chilenas y la organización internacional SPUN se adentró en el Parque Nacional Alerce Costero con una pregunta que nadie había sabido responder hasta entonces: ¿Qué ocurre exactamente bajo las raíces del árbol más viejo del bosque?

Lo que esconden en el suelo los árboles más antiguos del mundo

Los investigadores tomaron muestras de suelo bajo 31 individuos de alerce clasificados en tres grupos: plántulas, árboles medianos y árboles de gran diámetro. Allí identificaron una curiosa red de hongos.

Para identificarlos, emplearon metabarcoding de ADN, una técnica que detecta organismos a partir de fragmentos genéticos presentes en el suelo sin necesidad de cultivarlos en laboratorio.

Bajo el Alerce Abuelo (el ejemplar más antiguo del parque, con al menos 2.400 años, 30 metros de altura y 4,7 metros de diámetro, aislado del resto de la población), identificaron en torno a 600 unidades taxonómicas, el equivalente a unas 600 especies fúngicas distintas.

De ellas, 361 eran exclusivas de ese árbol: no aparecieron bajo ningún otro ejemplar del estudio. La riqueza fúngica en las proximidades del Alerce Abuelo resultó ser 2,25 veces superior al promedio del bosque. Los hongos micorrícicos arbusculares (los que forman una simbiosis directa con las raíces) eran 1,75 veces más abundantes que en los alerces más jóvenes.

El estudio fue publicado en marzo de 2026 en la revista Biodiversity and Conservation bajo la dirección de Camille Truong, del Royal Botanic Garden Victoria de Australia, y Adriana Corrales, de SPUN.

La red subterránea de hongos que mantiene vivos los bosques milenarios de Chile

Los hongos micorrícicos establecen con el árbol una relación de beneficio mutuo. Se integran en las células de las raíces y entregan al alerce fósforo y otros nutrientes que extraen del suelo; a cambio, el árbol les cede carbono.

Esta alianza, construida a lo largo de siglos, genera redes subterráneas de micelio de enorme complejidad que conectan distintos organismos del bosque.

A escala global, los hongos micorrícicos transportan en torno a 1.000 millones de toneladas de carbono al año desde las raíces hacia el suelo. De las aproximadamente 25.000 especies de micorrizas que se estima existen en el planeta, solo se conocen unas 1.500.

El estudio sobre el alerce apunta a que buena parte de esa diversidad oculta puede estar concentrada bajo los árboles más antiguos del mundo: cuanto mayor y más viejo es el árbol, más compleja y exclusiva es la comunidad fúngica que alberga.

¿Por qué talar el alerce, uno de los árboles más antiguos del mundo, es una pérdida que no tiene reemplazo?

La investigadora Adriana Corrales lo formula sin rodeos: un alerce milenario «no puede ser reemplazado ni siquiera con 10 árboles jóvenes». La razón es directa: cuando un árbol así desaparece, las cientos de especies de hongos que vivían en simbiosis con sus raíces no tienen a dónde ir.

Las micorrizas no sobreviven sin su huésped y, al morir, liberan al suelo el carbono que habían almacenado durante décadas.

Patricia Silva-Flores, otra de las investigadoras del equipo, subraya que los alerces funcionan como «reservorios» de biodiversidad fúngica: «Mientras más antiguo sea el ejemplar, mayor diversidad hay a su alrededor». Perder un ejemplar de 2.400 años no es solo perder un árbol; es desmantelar un ecosistema subterráneo que tardó milenios en formarse.

Camille Truong añade algo que los propios datos hacen difícil ignorar: «No todos los árboles son iguales. Si se corta un árbol así, no puede ser reemplazado». La especie ya está catalogada en peligro de extinción y menos de la mitad de su territorio cuenta con protección legal.

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