Medio Ambiente

Los biólogos todavía están sin palabras: destruyen un embalse en 2023, y la naturaleza ha tardado solo 3 años en recuperar su terreno

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Recreación de un antiguo embalse cubierto por vegetación.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El 6 de junio de 2023, una explosión destruyó la presa de Kajovka, en el río Dniéper, en el óblast de Jersón ocupado por Rusia. Miles de millones de metros cúbicos de agua inundaron decenas de localidades río abajo y provocaron la muerte de más de 90 personas.

El desastre vació uno de los mayores embalses de Europa del Este, con 2.155 kilómetros cuadrados de superficie. Los ecologistas ucranianos lo calificaron como el mayor desastre medioambiental del país desde el accidente de Chernóbil de 1986.

Tres años después, el lecho de ese embalse es un bosque. Sauces y álamos han colonizado el antiguo fondo de lodo a una velocidad que los propios biólogos describen como sin precedentes en Europa. Algunos árboles ya alcanzan los siete metros de altura en una zona que había permanecido bajo el agua durante casi seis décadas desde la construcción soviética de la presa en 1956.

Cómo la naturaleza recuperó el lecho de la presa de Kajovka en solo tres años

Oleksi Vasiliuk, director del Grupo Ucraniano para la Conservación de la Naturaleza, fue uno de los primeros ecologistas en documentar la transformación sobre el terreno. «Nunca habíamos visto árboles crecer tan rápido como aquí. La densidad es tal que apenas se puede caminar entre ellos», declaró a la agencia EFE.

Vasiliuk atribuye la velocidad de la recuperación a las condiciones excepcionales del sustrato: décadas de sedimentos acumulados en el fondo del embalse actúan ahora como un suelo extraordinariamente fértil.

Las semillas de sauces y álamos que crecían a lo largo de las antiguas riberas colonizaron rápidamente el terreno expuesto. A ello se suma el regreso de la fauna. Los científicos de EOS Data Analytics, que analizan la zona mediante imágenes satelitales, han documentado la aparición de cientos de especies de plantas. Jabalíes, corzos y liebres han emigrado desde las estepas cercanas. Las aves migratorias utilizan la zona como punto de descanso y alimentación.

El ecologista Vadym Maniuk, que ha visitado el antiguo embalse en varias ocasiones, calcula que en 30 años la zona podría convertirse en un sistema de bosques con meandros y canales, y que el ecosistema podría estabilizarse completamente en 80 años. «Ver toda esta vegetación que se extiende hasta el horizonte es algo sin precedentes en Europa», señaló Vasiliuk.

El territorio recuperado coincide con lo que históricamente se conocía como la Gran Pradera (Великий Луг en ucraniano), la llanura aluvial del Dniéper que abarcaba 100.000 hectáreas antes de quedar sumergida por las aguas del embalse soviético. Vasiliuk considera que la combinación de regeneración natural y valor cultural histórico justifica una candidatura a Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Qué importancia tiene la recuperación de la presa de Kajovka para la ciencia

La mayoría de los científicos consultados se opone a reconstruir la presa. El experto en ecología Oleksii Angurets, que formó parte del primer equipo que estudió los sedimentos tras la destrucción, advierte de que cualquier solución debe tener en cuenta factores ecológicos, sociales y económicos antes de plantear nuevas infraestructuras.

«No podemos dar marcha atrás. Tenemos que tener en cuenta la evolución de las necesidades tanto de la naturaleza como de las personas que dependen de sus recursos», declaró.

Las consecuencias para las comunidades humanas siguen siendo graves. La destrucción dejó sin sistemas de riego 584.000 hectáreas de tierras agrícolas en el sur de Ucrania, según el Ministerio de Agricultura ucraniano. Muchos hogares dependen ahora de pozos profundos con agua salina. La central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, perdió su fuente principal de agua de refrigeración, aunque actualmente opera con fuentes alternativas mientras los reactores permanecen parados.

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