En 1964, una familia con 5 hijos compró en EEUU un terreno para construir su casa de verano: 36 años después lo donó a un parque nacional y hoy es un centro de investigación científica
En 1982 reintrodujeron asnos en el desierto, y 40 años después han conseguido reforestar el ecosistema
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En 1995 una comunidad de Pakistán casó un glaciar 'macho' y otro 'hembra' para que tuvieran un 'glaciar bebé'
En 1964, Kathryn McNeil y Voit Gilmore compraron unos terrenos en las montañas de Carolina del Norte para construir una casa de verano y disfrutar de la naturaleza con sus cinco hijos.
Treinta y seis años después, donaron la propiedad al Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes. Actualmente, la antigua finca acoge un centro donde científicos y estudiantes investigan los ecosistemas de la zona y desarrollan actividades de educación ambiental.
Cómo es la finca de 216 hectáreas de las montañas de Carolina del Norte
La propiedad, conocida como The Purchase, ocupa unas 216 hectáreas en el condado de Haywood, en Carolina del Norte. Su elemento más reconocible es Purchase Knob, una cumbre de 1.550 metros de altitud que ofrece vistas de las montañas circundantes.
McNeil y Gilmore adquirieron los terrenos en 1964 y construyeron allí una casa de verano. La ubicación, junto a los límites del Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes (Great Smoky Mountains National Park), permitió que aquella finca privada acabara integrada en un espacio protegido de gran valor natural.
La propiedad también conserva una cabaña histórica de troncos, construida originalmente en 1874. Según la información del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS), el terreno incluye edificios destinados al trabajo científico y educativo.
¿Por qué donaron la propiedad al Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes?
En el 2000, Kathryn McNeil y Voit Gilmore cedieron los terrenos y sus instalaciones al parque. El propio NPS identifica esta donación como la mayor aportación de tierras recibida desde la creación del espacio protegido.
La decisión transformó el futuro de una finca que durante décadas había servido como lugar de descanso familiar. En lugar de mantenerla como propiedad privada, sus antiguos dueños contribuyeron a conservar el entorno y a darle un uso público relacionado con la ciencia.
La historia de esta donación también refleja la importancia de proteger los terrenos que rodean los parques nacionales. Su conservación ayuda a mantener la continuidad de los hábitats y facilita el estudio de ecosistemas de montaña especialmente sensibles a los cambios ambientales.
¿Qué se hace hoy en la antigua casa de verano en EEUU?
En 2001, The Purchase se convirtió en la sede del Centro de Aprendizaje Científico de las Tierras Altas Apalaches, uno de los primeros centros de aprendizaje que el Congreso estadounidense impulsó para apoyar la investigación en los parques nacionales y acercar sus resultados al público.
El centro cuenta con oficinas, un laboratorio, un aula con capacidad para 50 personas y alojamiento para varios científicos visitantes. Según el NPS, sus instalaciones reciben alrededor de 5.000 científicos, estudiantes y profesores al año.
Las actividades combinan investigación de campo y educación ambiental. Los participantes estudian la calidad del aire mediante el seguimiento de líquenes y plantas sensibles al ozono, además de analizar el agua de los arroyos y observar salamandras.
Purchase Knob, un espacio protegido para estudiar la biodiversidad
La altitud y la diversidad de los hábitats convierten Purchase Knob en un lugar adecuado para estudiar los ecosistemas de los Apalaches. Los investigadores pueden observar la vegetación de montaña, registrar especies y analizar los efectos de la contaminación atmosférica sobre el entorno.
El seguimiento de las plantas también permite detectar cambios ambientales a largo plazo. En las actividades educativas, los estudiantes examinan las hojas para identificar daños asociados al ozono y observan líquenes como indicadores de la calidad del aire.
El centro acerca los métodos de investigación a las nuevas generaciones. Los escolares pueden participar en actividades de campo y aprender cómo los científicos recopilan datos para evaluar el estado de los ecosistemas.
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