Medio Ambiente

En 1995 una comunidad de Pakistán casó un glaciar ‘macho’ y otro ‘hembra’ para que tuvieran un ‘glaciar bebé’: 23 años después aún quedaban trozos de hielo considerables

Hielo, glaciar, naturaleza
Aldeanos de Baltistán transportan hielo por una ladera frente a un glaciar del Karakórum.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

En las montañas de Baltistán, al norte de Pakistán, un grupo de aldeanos subió en 1995 a más de 4.000 metros con bloques de hielo a la espalda. Su objetivo era casar un glaciar ‘macho’ con uno ‘hembra’ para que de esa unión naciera un ‘glaciar bebé’ capaz de darles agua.

23 años después, los investigadores de la Universidad de Baltistán volvieron al lugar. El experimento no había desaparecido, y aquel ritual, que suena a leyenda, empezó a interesar a la ciencia.

Cómo casan glaciares las aldeas del norte de Pakistán

Los habitantes de Gilgit-Baltistán llaman a este ritual Gang Khswa, algo así como «nutrir con profundo afecto», y los científicos lo conocen como injerto de glaciares. Las comunidades distinguen dos tipos de hielo. El ‘macho’ es oscuro, gris o marrón, porque arrastra rocas y sedimentos, y el ‘hembra’ es blanco o azulado, limpio y casi transparente.

Los voluntarios recogen unos 200 kilos de cada tipo en valles distintos y los cargan en cestas de sauce, sin dejar que el hielo toque el suelo. Después lo depositan en una cueva o una zanja a más de 4.000 metros, en laderas orientadas al norte y con poco sol, y lo colocan en capas junto a carbón, hierba, sal y cáscaras de trigo. Riegan el conjunto con agua de varios arroyos mientras los ancianos recitan versículos del Corán y entonan canciones de boda.

El ‘glaciar bebé’ necesita tiempo. Zakir Hussain, profesor de la Universidad de Baltistán y asesor de proyectos de Naciones Unidas, explicó a la radio pública estadounidense NPR que, según el conocimiento indígena, el hielo tarda 12 años en arraigar y otros 12 en crecer.

Qué encontraron los científicos 23 años después del glaciar bebé

El equipo de Hussain empezó a estudiar estos injertos en 2018 y eligió como primer caso el glaciar que una comunidad había creado en 1995, a 4.700 metros de altitud. El investigador contó que allí quedaba «un trozo considerable y los parches de hielo que lo rodeaban». No era un glaciar completo, pero el hielo había resistido 23 años. La revisión de 17 lugares de Baltistán con injertos mostró además que al menos la mitad presentaban signos de crecimiento.

La ciencia matiza el entusiasmo. Jakob Steiner, hidrólogo especializado en las montañas de Asia, recuerda que un glaciar tiene que moverse para serlo, y que estas masas inmóviles son técnicamente bloques de hielo. Aun así, considera que la técnica tiene sentido: subir el hielo a zonas donde no se derrite y cubrirlo con paja y carbón ralentiza la fusión y favorece que el agua vuelva a congelarse.

Desde España, el Laboratorio de Hielo del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3) también estudia el fenómeno. Su director, Sérgio Henrique Faria, cree que la mezcla funciona porque combina hielo limpio, capaz de congelar más agua, con restos de roca que lo aíslan del sol. Su equipo viajó a Baltistán en 2024 y anunció su intención de regresar en 2026 para tomar muestras.

Qué futuro tiene el ritual de casar glaciares en Pakistán

La tradición sitúa el primer injerto en el siglo XIV, cuando el santo sufí Mir Syed Ali Hamadani habría creado un glaciar en la aldea de Giyari para cerrar el paso a los saqueadores llegados de Yarkand. Con el tiempo, el arma defensiva se convirtió en una forma de asegurar el riego.

La práctica cayó en desuso durante el siglo XX y resurgió en los años 90 con el Programa de Apoyo Rural Aga Khan. Hoy cuenta con el respaldo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y la Fundación de Cultura y Desarrollo de Baltistán ha injertado diez glaciares en distintas aldeas, según su responsable, Nazir Ahmed.

El futuro del ritual es incierto. Pakistán alberga unos 13.000 glaciares y su temperatura media ha subido 1,3 grados desde los años cincuenta, el doble que la media mundial, según el Banco Mundial. Los vecinos consultados por Al Jazeera temen además que la tradición se pierda, porque los jóvenes emigran a las ciudades y el esfuerzo de cargar el hielo montaña arriba ya no encuentra relevo.

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