La imagen que explica por qué España puede ser campeona del mundo
"Terminan de entrenar y te encuentras a 17 jugadores tomando el sol y charlando", explican desde el entorno de la selección sobre el ambiente que se vive en la concentración
De la Fuente ha logrado que titulares y suplentes remen en la misma dirección y ha convertido el vestuario en el mayor patrimonio de una España que sueña con el Mundial
Dani Olmo: «Nuestro objetivo no es pasar a semifinales, es ganar el Mundial»

Hay selecciones que ganan por talento. Otras lo hacen por físico, por experiencia o por pegada. España, además de todo eso, tiene un arma que no aparece en las estadísticas, pero que puede acabar marcando la diferencia en un Mundial: el ambiente que ha construido Luis de la Fuente. En la concentración de la Selección se respira una armonía difícil de encontrar en el fútbol de élite. «Terminan de entrenar y te encuentras a 17 jugadores tomando el sol y charlando», cuentan desde el entorno del equipo. No es una imagen preparada para las cámaras. Es la rutina de un grupo que disfruta estando junto y que ha convertido la convivencia en una de sus grandes fortalezas.
Ese es el mayor triunfo de Luis de la Fuente. Más allá del dibujo táctico, de las rotaciones o de la gestión deportiva, el seleccionador ha conseguido levantar una familia. Lo hizo durante años en las categorías inferiores de la Federación y ha trasladado esa misma filosofía a la absoluta. Muchos de los futbolistas actuales crecieron con él, le conocen desde adolescentes y mantienen una relación que va mucho más allá de la figura de un entrenador. En el vestuario ejerce casi como un padre. Escucha, protege, aconseja y genera un clima de confianza absoluta. Los jugadores sienten que pueden equivocarse sin miedo, que tendrán el respaldo del cuerpo técnico y de sus compañeros. En un torneo de máxima presión como un Mundial, ese equilibrio emocional vale casi tanto como la calidad.
La consecuencia de todo ello es un vestuario sin guerras internas. En España no hay titulares enfadados ni suplentes desconectados. Todos conocen su papel y todos se sienten importantes. De la Fuente ha conseguido eliminar los egos que tantas veces han fracturado grandes selecciones. El grupo está por encima de cualquier nombre propio y eso se refleja en cada entrenamiento, en cada celebración y en cada conversación lejos del balón. Mientras otras selecciones viven pendientes de las jerarquías, España presume de una convivencia en la que los futbolistas comparten horas juntos incluso cuando termina el trabajo.
Una familia sin fisuras
Esa cercanía también se traslada al día a día con el cuerpo técnico. No existen barreras. De la Fuente siempre ha apostado por estructuras abiertas, por la comunicación constante y por un trato directo con los jugadores. El seleccionador quiere que la concentración sea un refugio, un lugar donde el futbolista solo tenga que preocuparse de jugar al fútbol. Esa tranquilidad se ha convertido en una ventaja competitiva. Porque cuando llegan los momentos de máxima tensión, como ocurrió ante Portugal o como ocurrirá frente a Bélgica, el equipo responde unido.
España busca conquistar el Mundial apoyándose en el talento de Lamine Yamal, Pedri, Rodri, Dani Olmo o Unai Simón. Pero dentro de la concentración todos tienen claro que el mayor tesoro no está sobre el césped, sino dentro del vestuario. Allí, donde después de cada entrenamiento una larga conversación al sol vale casi tanto como una sesión táctica, De la Fuente ha construido una familia. Y esa familia empieza a creer que puede conquistar el mundo.