Perros

Los veterinarios lo tienen claro: si tu perro te empuja para salir, exige atención constantemente y no sabe esperar, puede estar teniendo problemas con los límites

Perro y límites
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Convivir con un perro implica mucho más que darle cariño, sacarlo a pasear y cubrir sus necesidades básicas. También es importante enseñarle a gestionar la frustración, respetar las normas y comprender que no siempre puede conseguir lo que quiere en el momento en que lo desea. Sin embargo, algunos comportamientos pueden hacer que los propietarios se pregunten si están educando correctamente a sus mascotas.

Establecer límites no consiste en castigar al animal, imponerle miedo ni impedirle expresar sus necesidades. Se trata de darke unas pautas claras y coherentes para que pueda desenvolverse con mayor seguridad en su entorno. Aprender a esperar, responder a determinadas señales y gestionar la excitación son habilidades que pueden trabajarse progresivamente mediante una educación basada en el refuerzo positivo.

Cómo evitar problemas de comportamiento en los perros

@k9ryocan Muchos problemas de conducta no vienen de falta de cariño… vienen de falta de límites. Un perro necesita afecto, sí. Pero también normas, estructura y guía. Cuando todo vale, aparece la frustración. Cuando hay límites claros, aparece el equilibrio. Educar no es reprimir. Educar es orientar. #EducacionCanina #PerrosEquilibrados #AdiestramientoCanino #ConductaCanina #LimitesConTuPerro ♬ sonido original – RYOCAN

Para entender la educación canina, lo primero y más importante conocer cómo aprenden los perros desde la psicología del aprendizaje, especialmente a través del condicionamiento operante. Este concepto explica que las conductas tienen consecuencias y que estas pueden aumentar o disminuir las posibilidades de que vuelvan a producirse en el futuro. Dentro de este modelo se distinguen cuatro mecanismos principales.

Por un lado, el refuerzo positivo, que consiste en añadir algo agradable después de una conducta para favorecer que se repita. Por ejemplo, premiar con comida, caricias o juegos cuando obedece una orden.Por otro lado, el refuerzo negativo se basa en retirar un estímulo desagradable cuando el animal realiza la acción deseada. Mientras, el castigo positivo se refiere a introducir un estímulo desagradable para evitar una conducta, como dar un tirón de la correa cuando el perro tira durante el paseo. Finalmente, el castigo negativo implica retirar algo que resulta agradable, como la atención de su cuidador, con el objetivo de corregir un comportamiento.

Los etólogos caninos insisten en la importancia de aplicar el refuerzo positivo, priorizando los métodos basados en la recompensa. Este método fortalece el vínculo emocional, creando una relación basada en el afecto y la confianza entre el perro y su cuidador. Asimismo, reduce el estrés y la ansiedad, al tiempo que facilita un aprendizaje duradero. Sin embargo, la educación canina en positivo no implica la ausencia de normas y límites, sino en enseñarle al animal mediante la motivación, la confianza, la coherencia y la seguridad emocional.

En el ámbito profesional, uno de los principios relacionados con este enfoque es LIMA, siglas de Least Intrusive, Minimally Aversive, que se traduce como utilizar las estrategias menos intrusivas y menos aversivas posibles para educar al perro. La educación canina basada en este principio requiere observar continuamente el comportamiento del animal y adaptar las técnicas cuando aparecen señales de incomodidad o estrés.

La importancia de poner límites

Uno de los principales factores que influyen en la dificultad a establecer límites la tendencia a humanizar a los animales. En ocasiones, proyectamos nuestras propias necesidades, emociones y expectativas sobre los perros, como si respondieran a los mismos patrones que las personas. Esta forma de empatía, aunque parte de una intención positiva, puede llevarnos a tratarlos como seres humanos y a olvidar que tienen unas necesidades y una manera de relacionarse con el entorno diferentes a las nuestras.

Otro factor que influye es el deseo de evitar cualquier frustración. Esta actitud está relacionada con la idea de que el amor hacia un perro debe ser incondicional y no incluir nunca una negativa. En ocasiones, también existe el temor a que el animal se frustre o a que cualquier intento de corregir una conducta se interprete como maltrato.

Sin embargo, es esencial establecer límites para ayudar al perro a desenvolverse en diferentes situaciones. Cuando faltan unas normas, algunos perros tienen problemas para controlar sus impulsos, reclaman constantemente comida, se acostumbran a dormir en la cama de sus dueños o hacen sus necesidades dentro de casa. Otros tiran de la correa durante los paseos, tienen dificultades para relacionarse con sus congéneres o no acuden cuando se les llama.

El experto en adiestramiento canino Alan Peiró explica que «poner límites es enseñarle a tu perro normas básicas de conducta». En su caso, la cocina es uno de los espacios en los que establece límites muy claros. Peiró cuenta que una de sus perras llega a la encimera, por lo que prefiere impedir directamente que entre para evitar que pueda coger alimentos. Con el sofá aplica un criterio similar: debido a su trabajo, convive habitualmente con varios perros y considera más práctico establecer una misma norma para todos. «Poner límites es marcar una estructura social dentro de casa. Los perros confundidos siempre tienen más problemas de conducta», explica.

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