Los veterinarios expertos confirman que cuando sonríes a tu perro en su cerebro se activa una función especial
Las emociones positivas funcionan como recompensas y las negativas son capaces de interpretarlas para su supervivencia
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Expertos en veterinaria han concluido que los perros perciben nuestras sonrisas como un estímulo que activa su sistema de recompensa y procesamiento emocional. Un estudio de la Universidad de Viena publicado en la revista iScience demostró mediante resonancia magnética funcional (fMRI) que los rostros humanos iluminan regiones cerebrales específicas del cerebro, como el núcleo caudado y la corteza temporal.
Pudieron demostrar mediante este estudio que los perros eran capaces de interpretar ciertas expresiones faciales como el miedo, la ira y la tristeza.
El descubrimiento en la neurociencia canina
Los científicos Raúl Hernández Pérez y Laura Cauya, junto con su equipo de investigación, analizaron las respuestas neuronales de perros ante diferentes expresiones humanas. En el experimento descubrieron que las expresiones de alegría por parte de los humanos activan redes vinculadas a funciones cognitivas superiores y centros de recompensa bioquímica.
Dado que los rostros felices activan de manera automática su núcleo caudado (el centro del placer y la motivación), la líder de la investigación, Laura Cuaya, concluyó con una frase: «No solo podemos premiar a nuestros perros con galletas; también podemos premiarlos con nuestra propia felicidad». La sonrisa funciona literalmente como un refuerzo positivo directo en su cerebro.
Durante el estudio, también pudieron comprobar que el análisis cerebral completo arrojó que los perros generan patrones distintos con el fin de identificar las emociones negativas como la ira, el miedo y la tristeza.
En el proceso de análisis también pudieron determinar por qué eran capaces de distinguir entre emociones negativas humanas. Los investigadores notaron que el miedo genera una reacción neuronal mucho más marcada y rápida en todo el cerebro que la tristeza o el enfado. Su cerebro, a nivel genético, ha priorizado interpretar estas señales por su supervivencia; no es lo mismo que un humano esté triste que enfadado.
Los perros son capaces de desarrollar esta avanzada lectura social gracias a sus miles de años de domesticación y convivencia estrecha con el ser humano. Los chimpancés, en cambio, siendo aparentemente los más parecidos a los humanos, tienen mayor dificultad para interpretar los rostros humanos que los perros.
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