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Tu perro no se restriega con la fregona porque quiera jugar: la clave está en la lejía y los veterinarios lo explican

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Todos los que convivimos con un perro hemos presenciado esta escena en alguna ocasión: acabamos de fregar el suelo, que huele a limpio y, de repente, aparece para restregarse con la fregona. Pero, ¿por qué hace esto cuando limpiamos? Solemos creer que se trata de un simple juego por parte de nuestra mascota, con el que busca llamar nuestra atención de alguna forma. Sin embargo, según explican veterinarios y etólogos, este comportamiento no es un simple «capricho», sino que detrás de él hay una serie de razones olfativas, biológicas y conductuales que conviene conocer.

Lo primero y más importante es entender que nosotros percibimos el mundo principalmente a través de la vista, mientras que los perros lo hacen a través del olor. Su sentido del olfato es hasta 100.000 veces más potente que el nuestro y, cuando fregamos el suelo, la fregona se convierte en una «explosión» de estímulos que el animal necesita conocer. Al utilizar productos químicos para limpiar, eliminamos buena parte de las señales olfativas que el perro reconoce como «propias», sustituyéndolas por un aroma químico que no reconoce. De ahí que tenga la necesidad de restregarse con la fregona para saber de qué se trata.

¿Por qué el perro se restriega con la fregona cuando limpiamos?

Los veterinarios advierten de la peligrosidad de la lejía. Aunque nosotros asociamos su olor con higiene y limpieza, para los perros resulta muy atractiva debido a su composición química. Esto puede activar algunas conductas instintivas relacionadas con la territorialidad y, por ende, el marcaje.

Cuando un perro detecta que en su territorio hay un olor extraño en su territorio, puede sentir la necesidad de «neutralizarlo», y para ello lo cubre con su propio olor corporal. Por lo tanto, no se trata de un simple juego; en realidad, está tratando de recuperar el control olfativo de su espacio.

Ahora bien, en algunos casos este comportamiento se puede deber al estrés y la ansiedad. Los perros son animales de rutinas y un cambio brusco en su entorno, como el olor químico al fregar el suelo, puede generarle una gran sensación de inseguridad. En este contexto, el hecho de restregarse contra la fregona es una manera de calmarse.

El peligro de la lejía

Cuando limpiamos el suelo con lejía y el perro se restriega con la fregona, entraña una serie de riesgos que a menudo se pasan por alto. Este producto es muy irritante, y puede provocar enrojecimiento, picor y lesiones en las almohadillas, el vientre o el hocico, zonas que suelen estar en contacto con las superficies. Además, si el animal se lame después de estar en contacto con la lejía, puede ingerir pequeñas cantidades que irriten no sólo la boca, sino también el esófago y el estómago.

Los veterinarios también advierten del riesgo que supone la inhalación de vapores. El olfato de los perros es muchísimo más sensible que el nuestro, y los gases que desprende la lejía pueden resultar molestos. La exposición continuada, sobre todo en espacios mal ventilados, puede provocar estornudos, tos y, en el peor de los casos, dificultad respiratoria. Estos problemas se pueden agravar en cachorros y perros mayores.

Por otro lado, la ingesta directa de lejía, aunque no es tan frecuente, supone una urgencia veterinaria, aunque «rara vez, causa algo más que vómitos leves, hipersalivación, depresión, anorexia y/o diarrea», indica el Manual de Veterinaria de MS. Sin embargo, «la lejía concentrada (>10 %) o los productos con pH >11 pueden originar importantes lesiones corrosivas en el tracto GI. La ingestao inhalación de cantidades significativas del cloro de la lejía, ocasionalmente, origina hipernatremia, hipercloremia y/o acidosis metabólica. La inhalación aguda puede dar lugar a la aparición inmediata de tos, arcadas, estornudos o náuseas. Además de los signos respiratorios inmediatos, los animales expuestos a vapores de cloro concentrado pueden desarrollar edema pulmonar entre 12-24 h después de la exposición.

La exposición ocular puede dar lugar a epífora, blefaroespasmo, edema de párpado y/o ulceración corneal. La exposición dérmica puede provocar irritación dérmica leve y blanqueamiento del pelo. Es también posible la irritación oral, dérmica y ocular, así como la ulceración. Entre las lesiones respiratorias se incluyen traqueítis, bronquitis, alveolitis y edema pulmonar».

Cómo actuar

Cuando un perro se restriega con la fregona, hay quienes reaccionan enfadándose con él. Sin embargo, según los etólogos, no es la mejor forma de abordar la situación, ya que no es una «travesura» ni un «capricho». El castigo sólo consigue generar confusión, miedo o ansiedad, y en algunos casos puede reforzar conductas indeseadas,

Otro error habitual es obligar al perro a permanecer en la estancia recién limpiada pese a que muestre señales claras de incomodidad, lo que afecta a su bienestar emocional.  La clave está en la prevención y en la empatía: ventilar bien la vivienda, mantenerlo fuera de la zona hasta que esté completamente seca o utilizar productos de limpieza menos agresivos.