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Egipto

Los arqueólogos no dan crédito: un papiro egipcio revive la teoría de luchadores gigantes

En una de las vitrinas del Museo Británico se conserva un documento que, en apariencia, forma parte del material escolar del Antiguo Egipto. Sin embargo, una lectura reciente ha devuelto ese texto al centro del debate histórico. El llamado Papiro egipcio Anastasi I incluye una referencia a combatientes descritos con una altura que oscila entre los 2,03 y los 2,59 metros, cifras que han sorprendido incluso a los especialistas.

La afirmación ha reavivado una vieja discusión sobre si los textos antiguos hablaban de guerreros excepcionalmente altos o alimentaban relatos exagerados que, con el tiempo, se transformaron en historias de gigantes. La cuestión no es nueva, pero el detalle de las medidas ha dado un impulso renovado a la polémica. El análisis ha sido retomado por investigadores vinculados a Associates for Biblical Research, entre ellos el escritor Rob Sullivan, que ha rastreado la línea sobre la estatura hasta relacionarla con tradiciones posteriores sobre figuras de tamaño extraordinario. Aun así, el propio papiro no permite distinguir con claridad qué parte del relato es literal y cuál responde a recursos retóricos propios de su género.

Un papiro egipcio revive la teoría de luchadores gigantes

El papiro egipcio en cuestión, conocido como Papiro Anastasi I, pertenece a la Dinastía XIX y es célebre como ejemplo de la llamada Carta Satírica. Está redactado en hierática, una escritura cursiva utilizada en la administración y en la enseñanza cotidiana. Lejos de ser una crónica real grabada en piedra, el texto forma parte de un conjunto de ejercicios destinados a formar escribas. En él, el narrador reprende a otro escriba por la mala calidad de su informe y utiliza ejemplos concretos sobre rutas, suministros y peligros para ilustrar sus críticas.

Ese tono didáctico es importante. No se trata de un parte militar oficial, sino de una carta modelo con intención pedagógica. Sin embargo, el hecho de que mencione medidas concretas ha llamado la atención de quienes buscan referencias históricas en sus líneas.

La cuestión de los codos y las medidas

El pasaje que ha generado controversia describe un encuentro en un paso de montaña en Canaán. Allí, algunos hombres son descritos como de cuatro o cinco codos desde la cabeza hasta los pies. El problema radica en qué tipo de codo utilizaba el escriba. La mayoría de los especialistas emplean el llamado codo real egipcio para hacer la conversión a medidas modernas. Dependiendo del estándar adoptado, el cálculo puede situar la estatura entre aproximadamente 2,03 y 2,59 metros.

La ausencia de una especificación exacta en el texto abre la puerta a variaciones en la interpretación. Pequeñas diferencias en la longitud del codo pueden añadir o restar centímetros de forma significativa cuando se multiplican por cuatro o cinco.

Los Shasu y las fronteras del desierto

En el episodio descrito, los protagonistas del encuentro serían los Shasu, pastores seminómadas del sur del Levante que aparecen en varios textos egipcios como habitantes de las rutas desérticas al este del Nilo.

Estos grupos transportaban ganado y cruzaban zonas montañosas y áridas, a veces comerciando con Egipto y otras entrando en conflicto. El paso de montaña mencionado en el papiro egipcio se sitúa en esa franja fronteriza donde exploradores y patrullas podían encontrarse con poblaciones extranjeras.

No obstante, vincular la etiqueta Shasu a una tribu concreta resulta complejo. Los egipcios utilizaban categorías amplias para referirse a pueblos en movimiento, lo que dificulta precisar la identidad exacta de los individuos descritos.

¿Exageración literaria o descripción literal?

El propio tono del documento obliga a ser prudentes. No estamos ante una inscripción oficial grabada en un templo, sino ante un texto con intención didáctica y cierto componente irónico. En ese tipo de escritos, no era extraño que el peligro se magnificara para reforzar el mensaje.

Cuando un escriba describía un territorio fronterizo como especialmente hostil, presentar a sus habitantes como hombres enormes y temibles ayudaba a subrayar la dificultad del encargo. El tamaño del enemigo no sólo hablaba de su físico, sino también del riesgo que implicaba enfrentarse a él.

Ahora bien, el detalle de mencionar medidas concretas complica la interpretación. No se trata de una expresión vaga como “eran gigantes”, sino de una referencia numérica. Eso abre la puerta a pensar que, aunque pudiera existir exageración, el autor partía de una percepción real de hombres inusualmente altos. Aceptar el texto como una fantasía total o como una crónica exacta quizá sea simplificar demasiado. Lo más probable es que se mueva en ese terreno intermedio donde la experiencia vivida, el miedo y la forma de contarla se entrelazan.

Ecos bíblicos y memoria cultural

La discusión ha cobrado mayor dimensión al vincularse con tradiciones bíblicas que mencionan figuras de gran estatura, como los Nefilim descritos en el Génesis. Algunos autores han interpretado la línea del papiro como un posible eco externo de esas narraciones. Sin embargo, los géneros son distintos. Un ejercicio literario egipcio y un texto sagrado hebreo responden a contextos y objetivos diferentes. Compararlos exige cautela metodológica para no forzar paralelismos.

La geografía compartida, en una zona donde confluyeron culturas del antiguo Oriente Próximo, puede explicar coincidencias sin necesidad de asumir una base literal común.

Lo que dicen los huesos

En arqueología, la evidencia más sólida sobre la estatura humana procede de restos óseos. El análisis de huesos largos, como el fémur o la tibia, permite estimar la altura con bastante precisión. Existen casos documentados de gigantismo, un trastorno hormonal que provoca un crecimiento extremo, lo que demuestra que individuos excepcionalmente altos han existido. Sin embargo, para sostener la idea de combatientes de más de dos metros y medio de forma habitual sería necesario encontrar pruebas esqueléticas claras.