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Según los veterinarios expertos, éstas son las señales para saber si tu perro está viviendo sus últimos días

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Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Acompañar a un perro durante su vejez o cuando sufre una es una de las experiencias más dolorosas para cualquier persona que convive con un animal. Sin embargo, reconocer determinados cambios en su comportamiento y en su estado físico puede ayudar a comprender mejor sus necesidades y a ofrecerle los cuidados que necesita en esta etapa.

Según los veterinarios, existen algunas señales que pueden indicar que un perro está llegando al final de su vida, como alteraciones en sus hábitos de sueño o problemas para realizar actividades cotidianas que antes hacía sin dificultad.

Cómo saber si un perro está viviendo sus últimos días

La esperanza de vida de un perro depende de un amplio abanico de factores que influyen en su salud y en su calidad de vida. Aunque cada animal es diferente, la raza y el tamaño tienen un papel importante, ya que los perros de razas grandes suelen envejecer más rápido que los pequeños. La genética también influye; algunos perros heredan enfermedades o predisposiciones que pueden afectar a su longevidad, mientras que el sexo puede marcar ciertas diferencias: algunos estudios apuntan a que las hembras viven, de media, algo más que los machos.

Por otro lado, la actividad física regular favorece la musculatura, la salud cardiovascular, al tiempo que reduce los riesgos asociados a la obesidad. A esto hay que sumar los cuidados veterinarios, como las revisiones periódicas, las vacunas y la desparasitación, que permiten prevenir enfermedades o detectarlas a tiempo. Finalmente, la esterilización puede influir en la longevidad, ya que ayuda a prevenir determinados problemas reproductivos y reduce el riesgo de algunos tumores, aunque sus beneficios dependen de factores como el sexo, la raza y el momento en que se realice.

«Los perros pequeños viven más, mientras que los más grandullones viven menos. Sin embargo, cuando yo era joven, los perros vivían 8 años. Pocos pasaban de los 10. Ahora todos, absolutamente todos, pasan de 10 o 12, y la mayoría vive 14 o 16 años. Esto se debe a la mejora en los cuidados y la medicina veterinaria», explicó el veterinario José Luis Puchol en el pódcast «Rompiendo el molde».

Señales de alerta

A medida que se hacen mayores, muchos perros pierden las ganas de salir a pasear, una actividad que antes formaba parte de su rutina diaria y que disfrutaban. Si observas que tu mascota empieza a rechazar incluso los paseos más breves o deja de mostrar interés por salir al exterior, es posible que su cuerpo ya no responda como antes.

Durante la vejez, los perros también experimentan cambios en su comportamiento, como perder el apetito, dejar de beber agua o, por el contrario, comer mucho más de lo habitual de forma repentina. Asimismo, pueden sufrir incontinencia urinaria o hacer sus necesidades en lugares poco frecuentes, algo que no solían hacer.

Respecto a su forma de relacionarse con las personas y el entorno, algunos prefieren apartarse y estar tranquilos., mientras que otros necesitan estar más cerca de su familia y reclaman compañía constantemente. Estos cambios no significan necesariamente que el perro esté llegando al final de su vida, pero sí conviene prestarles atención.

Los veterinarios insisten en la importancia conocer cuáles son los principales parámetros vitales de los perros. Normalmente, la temperatura se sitúa entre los 38 y los 39 grados; si no se encuentra en ese intervalo, puede ser una señal de que algo no va bien. Lo mismo sucede con la frecuencia respiratoria y el ritmo cardíaco, cuyos cambios anormales pueden indicar un problema que requiere atención veterinaria.

Cómo actuar

Cada perro es único, pero hay ciertos cuidados que pueden ayudar a que se sienta más cómodo y tranquilo durante la última etapa de su vida. Lo primero y más importante es crear un entorno agradable. Para ello, habilita un espacio acogedor con mantas, una cama cómoda y suficiente sitio para que pueda descansar sin dificultades. Evita las escaleras y los movimientos bruscos que puedan provocarle dolor o incomodidad.

Si el animal muestra poco interés por la comida, puedes intentar estimular su apetito ofreciéndole pequeñas porciones de alimento húmedo, ligeramente templado o con un olor más intenso. Asimismo, debe tener siempre agua fresca y accesible, sin obligarlo a comer ni a beber. Si deja de alimentarse o tiene dificultades para mantenerse hidratado, lo más recomendable es consultar con el veterinario para valorar cómo ayudarlo.

El cariño y la compañía de su familia son fundamentales para aportarle calma y seguridad. Dedícale momentos de tranquilidad, acarícialo con delicadeza si disfruta del contacto físico y háblale suavemente para transmitirle confianza. Estar a su lado puede ayudarlo a sentirse acompañado, aunque es importante no insistir si necesita espacio o prefiere descansar sin interrupciones.

Por último, conviene adaptarse a sus necesidades y respetar sus propios ritmos. Algunos perros pasan más tiempo durmiendo y buscan lugares tranquilos, mientras que otros necesitan estar cerca de sus familia y recibir más atención.

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