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Hay una calle en Madrid que mide menos de 15 metros y pasa desapercibida incluso para quienes viven cerca: casi nadie la conoce

Madrid tiene calles que son de sobras conocidas por todos y a la vez, existen otras que pueden pasar inadvertidas incluso para quienes viven en la capital. Eso es precisamente lo que ocurre con una pequeña calle del distrito Centro que, a pesar de tener un récord bastante particular, no suele aparecer entre los rincones más conocidos de la ciudad y es que para recorrerla entera apenas hacen falta unos cuantos pasos.

Se trata de la calle más corta de Madrid que siempre se ha relacionado con la calle Rompelanzas, situada entre Preciados y la calle del Carmen, muy cerca de la Puerta del Sol. Sin embargo, existe otra todavía más pequeña tal y como figura en los datos del Callejero Oficial del Ayuntamiento de Madrid. Se trata de la Travesía del Biombo, en el barrio de Palacio. Sobre plano alcanza aproximadamente los 14,25 metros y comunica la plaza de San Nicolás con la calle del Biombo. Su historia tampoco es reciente si bien es una vía que consta oficialmente en el callejero municipal desde el 11 de enero de 1835, aunque es fácil pasar junto a ella sin reparar siquiera en su nombre

La calle de Madrid que mide menos de 15 metros

Recorrer la Travesía del Biombo no exige demasiado tiempo. Sus aproximadamente 14,25 metros de longitud la convierten, según los datos del callejero oficial madrileño, en la calle más corta de la capital. La diferencia con su principal competidora es mínima, pero suficiente: Rompelanzas ronda los 14,50 metros sobre plano y queda relegada así al segundo puesto.

La Travesía del Biombo está situada en una zona muy diferente a la bulliciosa Puerta del Sol. Se encuentra en el barrio de Palacio, dentro del distrito Centro, y comunica la plaza de San Nicolás con la calle del Biombo. Su reducido tamaño y su integración en el entramado de pequeñas vías de esta parte de Madrid explican que pueda pasar inadvertida incluso para quienes conocen bien el centro de la ciudad. Pero a pesar de su brevedad, cuenta con casi dos siglos de reconocimiento administrativo. El Ayuntamiento de Madrid sitúa su incorporación al callejero municipal en enero de 1835, aunque el origen del lugar y de su denominación obliga a retroceder todavía más en el tiempo. La explicación está relacionada con dos construcciones religiosas que marcaron durante siglos la configuración de esta parte de la capital.

El origen del curioso nombre de la calle más corta de Madrid

El término Biombo no apareció por casualidad. El investigador Luis Miguel Aparisi Laporta abordó el origen del nombre en Toponimia Madrileña, una obra editada por la entonces Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid en el año 2000. Según se explica en este libro, la denominación está relacionada con la antigua configuración del espacio situado entre la iglesia de San Nicolás y el desaparecido convento de Constantinopla.

La travesía hacía alusión a la encrucijada formada junto a la parte posterior de aquel convento y la iglesia de San Nicolás. El edificio religioso desapareció, pero su recuerdo terminó sobreviviendo en el callejero. La peculiar disposición del entorno se asociaba a la forma de un biombo, ese elemento formado por varios paneles articulados que tradicionalmente se utilizaba para separar o resguardar espacios. La iglesia de San Nicolás, en cambio, continúa formando parte del paisaje del Madrid histórico. La presencia de la calle junto a este enclave ayuda a entender cómo en la actualidad todavía se conservan vías del Madrid más antiguo. Así, lo que ahora parece simplemente un estrecho paso entre calles responde, en realidad, a una configuración urbana heredada de siglos anteriores.

Rompelanzas no es la calle más corta de Madrid

La confusión con Rompelanzas resulta comprensible. Durante años ha aparecido citada como la calle más corta de Madrid y su ubicación, entre la calle del Carmen y Preciados, le proporciona una visibilidad mucho mayor. Además, su propio nombre encierra una de esas historias que parecen creadas expresamente para formar parte de las leyendas de la capital ya que se relaciona con las dificultades que antiguamente encontraban los carruajes para maniobrar por este estrecho paso. Las lanzas eran las largas piezas que permitían unir el tiro de los caballos con el carro y, según la tradición, podían romperse debido a la estrechez del lugar y al mal estado del terreno. Toda esa problemática terminó por dar nombre a la vía siendo no sólo descriptivo sino también fácil de recordar. Precisamente esa historia y su proximidad a uno de los puntos más transitados de Madrid contribuyeron a consolidar su fama.

Pero al comparar las medidas recogidas sobre plano, sus aproximadamente 14,50 metros no consiguen superar los 14,25 metros de la Travesía del Biombo. La diferencia es de apenas unos centímetros, pero suficiente para cambiar el resultado, de modo que la próxima vez que te lo pregunten o que lo pienses, recuerda que la calle más corta de Madrid no está junto a Preciados ni escondida entre las multitudes que recorren diariamente los alrededores de Sol. Está unos minutos más allá, en el barrio de Palacio, discretamente encajada entre la plaza de San Nicolás y la calle del Biombo.