MONTAJE EN PRISIONES

Unas lesiones “antiguas” y las cámaras de vigilancia acorralan a la funcionaria de la cárcel de Villena

La investigación sobre las falsas acusaciones contra trabajadores de la cárcel de Villena detecta la elaboración de pruebas falsas previa a la denuncia de la subdirectora

Las cámaras que revela hoy OKDIARIO grabaron a la falsa víctima en su rutina diaria sin encontrar ni rastro de sus presuntos agresores

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Cárcel de Villena
La Guardia Civil desmontó con pruebas la versión presuntamente inventada de la subdirectora de la cárcel de Villena.

Tres fotografías destacan al inicio de las diligencias policiales del caso de la subdirectora de la cárcel de Villena transformada de víctima a verdugo en cuestión de semanas tras una minuciosa investigación de la Guardia Civil. Las fotos en cuestión pretendían respaldar la historia por la que esta mujer, ahora acusada de ser una farsante, recibió el apoyo, entre otros, del ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska. Eran las imágenes de las lesiones sufridas presuntamente al ser amenazada y acosada para que no declarara en un procedimiento disciplinario contra sus propios compañeros de prisión.

Detalle del pómulo derecho y detalle del labio. Con ambas heridas en la cara se plantó Carolina el pasado 6 de septiembre en el cuartel de la Guardia Civil para presentar una denuncia por amenazas y agresión. Todo aparentemente creíble, y ese era el problema, que la denuncia sólo tenía datos aparentes. Las fotos que Carolina se dejó hacer por los agentes iban acompañadas por un muy escueto informe médico de una clínica privada al que ha tenido acceso OKDIARIO: “La paciente refiere que esta mañana al salir de su casa para dirigirse al trabajo le han abordado en la puerta de su casa cinco o seis personas refiriéndole amenazas, sujetándola y propinándole hasta dos golpes en la cara”.

Cárcel de Villena
Los investigadores detectaron el coche de la subdirectora circular con normalidad tras la presunta agresión que denunció.

Lo primero que percibieron los investigadores fueron contradicciones entre esas heridas, la descripción de los golpes y el relato de la agresión. Lo que Carolina presentaba parecían lesiones «no recientes», lo dijeron así los servicios médicos de la prisión que se negaron a firmar un informe, y más cerca de ser abrasiones fruto de una caída que impactos de golpes recibidos con los puños tal y como ella los había descrito, pero es que, además, en el mismo acto de la denuncia que presentó ante la Guardia Civil por la presunta agresión, Carolina dio dos cifras distintas de atacantes: si en su informe médico aparecían “cinco o seis atacantes”, ante los agentes redujo el número a cuatro, y los investigadores saben de sobra que dos agresores no se esfuman por las buenas.

Las imágenes son la clave

Pero esa no era la única duda que asaltaba a los agentes. Si Carolina dijo haber sido asaltada a las 7 de la mañana en la puerta de su casa cuando se disponía a ir al trabajo, a la cárcel de Villena, a la que entraba a trabajar a las 8 de la mañana, ¿por qué había tardado seis horas en denunciar unos hechos tan graves? Este periódico ha tenido acceso a las imágenes que terminaron de desmontar, según la Guardia Civil, a la falsa víctima arropada por Interior. Después de revisar todas las cámaras cercanas a su casa y confirmar que ni cuatro, ni cinco, ni seis y que ni siquiera parecía un solo hombre cerca de su casa aquella mañana, los investigadores sí que descubrieron otra cosa.

Cárcel de Villena
La Guardia Civil constató que la subdirectora llegó a generar coartadas hablando con terceras personas sobre lo que aseguraba haber sufrido.

Aquella mañana Carolina llegó a su puesto de trabajo puntual. La cárcel de Villena está a unos 100 kilómetro de su casa, así que los investigadores, mientras buscaban a malvados encapuchados en las cámaras, lo que vieron fue la rutina diaria de Carolina, que con su coche pasaba por delante de todas las cámaras que la captaban cada día de la semana. Y aquí es donde la Guardia Civil se hace las primeras preguntas sin respuesta: ¿tras un violento asalto se fue a trabajar sin más, como un día cualquiera?, ¿no acudió inmediatamente a denunciar los hechos?, ¿no habló de lo sucedido con nadie en le trabajo? No, no y no.

Carolina no mencionó su incidente hasta que habló con un superior en la cárcel de Villena y juntos fueron a los servicios médicos penitenciarios a conseguir un informe médico. Los facultativos allí presentes le dijeron, uno, que ellos no firmaban informes de lesiones ocurridas fuera del centro, y dos, que esas heridas a ellos no les parecían precisamente recientes.

Cárcel de Villena
Pese a revisar todas las cámaras que grabaron cerca, la Guardia Civil no detectó a uno solo de los agresores que según la subdirectora la atacaron.

Las presuntas mentiras de Carolina se caían por su propio peso, así que cuando los agentes las desmontaron una a una a través de la pericia informática unas veces y tirando de sentido común en otras ocasiones, consiguieron acorralar a la mujer por la que sus jefes en Madrid se manifestaban y a la que al ministro Marlaska poco le falto para colocarle una placa en una calle de su pueblo natal.

Así que cuando llegó el mes de noviembre y la Guardia Civil tenía claro que lo que les había contado Carolina hacía un par de meses era mentira, ella sola terminó de cavar el agujero en el que ya estaba y no se había dado ni cuenta. La presuntamente falsa amenazada, la presuntamente falsa agredida, aseguró haber recibido también anónimos en papel, pero no de cualquier manera: en el buzón de su casa, hasta en tres ocasiones, aseguró Carolina haber recibido cartas mecanografiadas en sobres sin matasellos. La Guardia Civil le preguntó con urgencia dónde estaban esos sobres. El tipo de papel, las huellas dactilares e incluso el ADN que en ellos quedara podrían ser claves para el caso. “Tiré los sobres”, les dijo ella.

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