Es el quinto ejército más grande del mundo y acaba de construir un avión de combate como ningún otro
Corea del Sur acaba de dar luz verde al KF-21 Boramae, el nuevo avión de combate desarrollado por su propia industria militar
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Corea del Sur llevaba años preparando este momento, aunque fuera de Asia el proyecto no parecía que fuera a generar mucha atención. El KF-21 Boramae, su nuevo avión de combate, ya ha recibido la autorización oficial para empezar a operar en misiones militares reales después de una fase de pruebas larga, exigente y llena de comprobaciones técnicas. No hablamos de un prototipo sin más o una promesa de futuro, sino de un caza que Seúl quiere empezar a incorporar a su fuerza aérea durante los próximos meses.
El movimiento tiene más importancia de la que parece a simple vista. Fabricar un avión de combate moderno no es algo que pueda hacer cualquier país, ni siquiera aquellos con una industria militar potente. Hace falta dinero, tecnología, experiencia, años de ensayos y una cadena de empresas capaz de responder cuando aparecen fallos. Corea del Sur, que durante mucho tiempo se apoyó en modelos extranjeros para mantener su aviación militar, intenta ahora dar un paso propio. Además, la noticia llega en un momento delicado para la región si bien la tensión con Corea del Norte no ha desaparecido y el crecimiento militar de China también ha cambiado el equilibrio en Asia. En ese escenario, Seúl no quiere limitarse a comprar tecnología fuera, sino fabricar parte de sus propios sistemas de defensa y demostrar que su industria ya juega en otra liga.
El nuevo avión de combate surcoreano supera una fase de pruebas enorme
La Agencia de Planificación de Adquisiciones de Defensa de Corea del Sur, conocida como DAPA, confirmó que el KF-21 Boramae completó más de 1.600 vuelos de prueba antes de recibir la aprobación definitiva para operaciones de combate. La cifra ayuda a entender la dimensión del proceso, porque no se trataba únicamente de comprobar si este nuevo avión de combate podía despegar, volar y aterrizar sin problemas.
Durante todos esos ensayos se realizaron alrededor de 13.000 verificaciones técnicas. Los equipos revisaron el comportamiento de los motores, la estabilidad del aparato, las maniobras en condiciones exigentes, los sistemas electrónicos, el repostaje en vuelo y también las capacidades relacionadas con el uso de armamento. Es decir, se probó el avión desde muchos ángulos distintos antes de dar el visto bueno.
En programas de este tipo lo extraño sería que todo avanzara sin dificultades. Un caza moderno es una suma de sistemas muy complejos y cualquier pieza que no responda como se espera puede obligar a repetir pruebas, ajustar diseños o retrasar calendarios. Por eso la certificación del KF-21 se ha recibido en Corea del Sur casi como una demostración de músculo tecnológico. Detrás del proyecto está Korea Aerospace Industries, más conocida como KAI, junto al Gobierno surcoreano. La compañía llevaba años trabajando en este desarrollo, que se ha convertido en uno de los grandes escaparates de la industria aeronáutica del país.
Corea del Sur quiere retirar aviones que ya tienen demasiados años
Uno de los grandes objetivos del KF-21 es renovar una parte de la fuerza aérea surcoreana que todavía depende de aparatos con muchos años de servicio. En concreto, Seúl quiere ir dejando atrás modelos como los F-4 y F-5, aviones que tuvieron su peso en otra época, pero que hoy quedan lejos de las necesidades tecnológicas actuales.
Por otro lado, el Boramae está considerado un caza de generación 4.5. No llega al nivel de furtividad de algunos aviones estadounidenses de quinta generación, pero sí supone un avance enorme frente a los modelos veteranos que Corea del Sur necesita sustituir. Para entenderlo de forma sencilla: no es el avión más invisible del mundo, pero sí es mucho más moderno, versátil y preparado que buena parte de la flota que viene a reemplazar.
La apuesta también tiene una lectura política e industrial. Corea del Sur quiere reducir su dependencia de proveedores extranjeros en un sector especialmente sensible. Comprar cazas fuera puede resolver una necesidad inmediata, pero fabricar uno propio permite controlar mejor la tecnología, adaptar el avión a sus prioridades y abrir la puerta a futuras versiones.
Y todo esto ocurre con una presión constante en la península coreana. Corea del Norte sigue realizando movimientos militares que obligan a Seúl a mantener una vigilancia permanente. A la vez, otros países de Asia están reforzando sus capacidades defensivas, así que Corea del Sur no quiere quedarse atrás.
Más de 100 unidades para los próximos años
Los primeros KF-21 producidos en serie comenzarán a incorporarse a la Fuerza Aérea surcoreana durante la segunda mitad de este año. El plan inicial pasa por contar con 40 unidades antes de 2028 y ampliar después la flota con otros 80 aviones adicionales hasta 2032. Si el calendario se mantiene, el Boramae acabará siendo una de las piezas principales de la aviación militar del país durante las próximas décadas.
Pero el proyecto no mira sólo hacia dentro. Corea del Sur también sabe que el mercado internacional de defensa puede ser una oportunidad enorme. En los últimos años el país ha ganado terreno como exportador de armamento, con carros de combate, sistemas de artillería, buques y otros equipos militares vendidos a distintos países.
El KF-21 podría seguir ese camino. Muchos gobiernos buscan cazas modernos, pero no siempre pueden pagar los modelos occidentales más caros o no quieren depender por completo de los mismos proveedores de siempre. Ahí es donde Seúl cree que puede entrar con una propuesta atractiva: un avión avanzado, con tecnología propia y con un coste que podría hacerlo competitivo frente a otras opciones.
Al final, el Boramae no es únicamente un nuevo caza para Corea del Sur. Es también una forma de enseñar al mundo que el país ya no quiere ser visto sólo como comprador de tecnología militar, sino como fabricante capaz de competir en uno de los sectores más difíciles y estratégicos del planeta.