Han desaparecido 2.080 misiles Tomahawk de la noche a la mañana y el Ejército de EEUU está desesperado: hay que salvar los submarinos

El Ejército de EEUU se enfrenta a un problema inesperado: un déficit de más de 2.000 celdas de lanzamiento de misiles. El motivo es que cuatro submarinos de misiles guiados de la clase Ohio han llegado al final de su vida útil. El problema salió a la luz en marzo de 2026, durante una revisión rutinaria de modernización de la flota, cuando se detectó que una gran parte de esa capacidad de fuego no podrá ser sustituida a tiempo. Sin embargo, el Ejército de EEUU está debatiendo la cifra de 2.080 celdas del Sistema de Lanzamiento Vertical (VLS), que se perderán cuando los cuatro submarinos de la clase Ohio y una docena de cruceros de la clase Ticonderoga dejen de en funcionamiento.
Los buques implicados son el USS Ohio, el USS Michigan, el USS Florida y el USS Georgia, los cuales cuentan con 616 tubos lanzamisiles Tomahawk, una capacidad que ninguna otra plataforma puede igualar. Originalmente construidos como submarinos de misiles balísticos, los cuatro fueron reconvertidos a principios de los años 2000 para transportar misiles de crucero Tomahawk. Cada unidad fue modificada para incorporar 154 celdas de lanzamiento, creando una de las mayores concentraciones de capacidad de ataque de largo alcance en la flota submarina del Ejército de EEUU.
Una potencia de ataque sin precedentes en el Ejército de EEUU
La Armada estadounidense lleva años planificando la sustitución de esta capacidad con los submarinos de la clase Virginia Block V, que incorporan el denominado Módulo de Carga Útil Virginia. Esta mejora añade una sección adicional al casco y eleva su capacidad hasta unos 40 tubos de lanzamiento, convirtiéndolos en los segundos submarinos más grandes de la flota, sólo por detrás de la clase Ohio. Sin embargo, la diferencia sigue siendo significativa. Incluso con estas mejoras, harían falta múltiples unidades de la clase Virginia para compensar la potencia de fuego de un solo SSGN.
El programa de submarinos de la clase Columbia, destinado a reemplazar la disuasión estratégica, también sufre retrasos y sobrecostes. Con un presupuesto estimado en torno a los 130.000 millones de dólares para 12 unidades, estos submarinos estarán centrados en misiones nucleares y no en el armamento convencional Tomahawk, por lo que no compensan la pérdida de capacidad de ataque. Asimismo, el primer submarino Columbia debe entrar en servicio antes de 2030, mientras que los submarinos de la clase Ohio comenzarán a retirarse a partir de 2027. Esto obliga a mantener en paralelo la construcción de las clases Columbia y Virginia, tensionando aún más la capacidad de los astilleros, ya afectados por la falta de mano de obra especializada.
Según diversos análisis, la capacidad de construcción naval en Estados Unidos se ha reducido en las últimas décadas; aunque se están realizando inversiones para reforzar la industria, los resultados tardarán años en materializarse. Mientras tanto, los submarinos de la clase Ohio siguen envejeciendo. Con más de 30 años de servicio, sus cascos y sistemas requieren un mantenimiento cada vez más exigente, lo que incrementa la presión operativa. Algunos expertos advierten de que la planificación futura debería incluso ampliar la flota prevista de submarinos Columbia para evitar nuevas brechas de capacidad.
Según cálculos recogidos en informes especializados, la retirada combinada de cruceros de la clase Ticonderoga y submarinos SSGN supondría la pérdida de 2.080 celdas del Sistema de Lanzamiento Vertical (VLS). De ellas, 1.464 corresponden a los cruceros y 616 a los submarinos. Estas celdas no sólo transportan misiles Tomahawk, sino también sistemas antiaéreos y antisubmarinos, lo que incrementa su valor táctico.Los modelos de planificación de la Armada ya contemplan esta reducción de capacidad, lo que afecta a simulaciones de guerra, despliegues y estimaciones de munición disponible en distintos escenarios. La ausencia de estos buques obligaría a múltiples plataformas a asumir el mismo papel operativo, incrementando la complejidad logística y reduciendo la flexibilidad estratégica.
Nuevo submarino autónomo
Por otro lado, el Ejército de EEUU avanza hacia una nueva etapa en la guerra naval con el desarrollo de un submarino autónomo de ataque capaz de operar sin tripulación y ejecutar misiones ofensivas desde las profundidades. Se trata del Lamprey Multi-Mission Autonomous Undersea Vehicle (MMAUV), un dron submarino presentado por Lockheed Martin.
El nuevo sistema ha sido diseñado como una plataforma modular y flexible, capaz de adaptarse a distintos escenarios operativos. A diferencia de los submarinos convencionales, el Lamprey no requiere tripulación, lo que reduce riesgos en misiones de alta peligrosidad y permite su uso en zonas donde la presencia humana sería inviable.
Una de las características más destacadas es su capacidad para proyectar fuerza más allá del entorno submarino. Aunque su función principal se desarrolla bajo el agua, el sistema puede integrar distintas cargas útiles según la misión. Entre ellas se incluyen , guerra antisubmarina y, potencialmente, sistemas ofensivos capaces de atacar objetivos en superficie. Asimismo, el dron incorpora sensores avanzados para detectar amenazas, recopilar información estratégica y transmitir datos en tiempo real a unidades aliadas.