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Durante décadas, España arrastró las duras consecuencias de la Guerra Civil y la posguerra. De los años 40 se han rescatado joyas gastronómicas de la cocina de subsistencia, pero en líneas generales fueron años marcadas por el hambre y la escasez.
En ese contexto nació una costumbre que hoy nos parecería ridícula: besar el pan cuando se caía al suelo o antes de tirarlo. Un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo.
Quizás todavía se lo hayas visto hacer a tu madre o a tus abuelos y puede parecerte extraño, ya que es un producto básico. Sin embargo, cuando el hambre apretaba, tirar una miga de pan era un sacrilegio.
El gesto de la posguerra española, que nació del hambre y de la necesidad
Tras la Guerra Civil, la falta de comida era una realidad diaria. El racionamiento, la inflación y la escasez convirtieron al pan en un bien casi sagrado.
Para muchas familias, era la base de su alimentación y, en ocasiones, lo único que tenían para llevarse a la boca. Además, no podemos olvidar que tiene vínculos con el cristianismo.
Por ese motivo, desperdiciar pan estaba mal visto. Cuando un trozo caía al suelo, se recogía, se limpiaba y se besaba antes de volver a comerlo. El gesto simbolizaba agradecimiento y respeto por un alimento que costaba mucho conseguir.
No lo hacían por superstición, sino como una forma de recordar lo que significaba pasar hambre. Era una cuestión de educación y humildad, que se transmitía de padres a hijos.
Más allá de costumbre de la posguerra: el pan como símbolo de supervivencia
Más allá de la religión o las creencias populares, besar el pan representaba algo muy concreto: supervivencia. Durante los años más duros, cada miga contaba. No se tiraba nada.
En muchas casas, el pan duro se aprovechaba para hacer sopas, migas o torrijas. El desperdicio era impensable. Besar el pan era una forma de agradecer poder comer ese día.
Esta forma de educar en el respeto por los alimentos marcó a toda una generación. Los que vivieron la guerra y la posguerra aprendieron a valorar lo poco que tenían y transmitieron esa mentalidad a sus hijos.
Hoy la situación es muy diferente. Estamos marcados por el consumo rápido y por la abundancia, por lo que ese significado se ha diluido. Todavía quedan casas donde se hace, pero cada vez son menos.
Por qué la costumbre de besar el pan en la posguerra se ha perdido
Con la llegada del desarrollo económico, especialmente a partir de los años sesenta y setenta, la escasez fue desapareciendo. Las estanterías de los supermercados se llenaron y el pan dejó de ser tan preciado.
Las nuevas generaciones, que ya no habían vivido el hambre, dejaron de entender el significado de ese gesto. Besar el pan pasó a verse como algo propio de personas mayores o de otra época.
Ese es el motivo por el que si ahora un joven besa el pan se percibe como algo extraño. Aunque es una costumbre cargada de significado, la mayoría ya no entiende cuál es.
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