Descubrimiento

Fin a un enigma de un siglo: encuentran en un yacimiento israelí las primeras ‘velas’ prehistóricas de hace 7000 años

Historia, velas, descubrimiento
Un grupo de cucuruchos de cerámica calcolíticos. Imagen: S. Zuhovitzky.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

La arqueología es una disciplina que evoluciona constantemente: cambian las herramientas, mejoran las técnicas de análisis y, con ellas, toca reescribir partes de la historia. Eso acaba de pasar con unos vasos cónicos del Calcolítico documentados desde hace casi un siglo.

Los arqueólogos los describían, los dibujaban y los guardaban en vitrinas, pero nadie lograba explicar para qué servían. Ahora, un estudio aclara que no eran recipientes para comida, ni moldes, ni lámparas de aceite. Eran velas, y sin duda pueden contarse entre las primeras velas prehistóricas conocidas.

Los arqueólogos descubren las primeras velas prehistóricas de hace 7.000 años en un yacimiento en Israel

El equipo de la Universidad de Tel Aviv, liderado por Sharon Zuhovitzky junto a Paula Waiman-Barak y Yuval Gadot, ha reconstruido el uso de estos cornets, pequeños cucuruchos cerámicos, a partir del mayor conjunto conservado hasta ahora. Analizaron 35 piezas completas y unos 550 fragmentos procedentes de Teleilat Ghassul, un importante enclave calcolítico situado en la cuenca del mar Muerto.

El Pontificio Instituto Bíblico excavó esa colección entre 1931 y 1938 y hoy la conserva en Jerusalén. Ahora se ha podido revisar con detalle su forma, su fabricación y, sobre todo, su función real.

Los vasos aparecen en yacimientos del actual Israel y Jordania, pero no se reparten de forma uniforme. En algunos enclaves los arqueólogos recuperaron cientos de ejemplares, mientras que en otros casi no encontraron ninguno. Tampoco encajan con la idea de un recipiente doméstico: tienen la base puntiaguda y no pueden mantenerse de pie, y además el interior está áspero, sin pulir.

El estudio interpreta ese acabado interior como una clave. Si el recipiente se utilizaba como vela y se rellenaba con cera de abeja, no hacía falta alisarlo por dentro. La cera cubría las paredes y hacía irrelevante ese acabado tosco.

Las investigadoras clasificaron los cornets de Ghassul en cuatro tipos según la forma de la base. Cada variante encaja con una manera concreta de utilizar la vela.

Los modelos más alargados, sin asas, se sostienen con facilidad en la mano y funcionan como velas portátiles durante una procesión. Los de base más corta, que suelen incorporar cuatro pequeñas asas perforadas en horizontal, permiten pasar una cuerda y colgarlos sin que el recipiente se incline, de modo que la llama permanece estable.

El estudio propone que la comunidad usó estas velas en vigilias y ceremonias nocturnas, al aire libre, con una iluminación colectiva que encaja con ese tipo de reuniones.

Cucurucho, velas
Colección de bases de cucuruchos: vista desde arriba, que muestra la variedad de colores, texturas y materiales.

Cómo demostraron que eran velas prehistóricas y no simples recipientes

La hipótesis de que estos cucuruchos cerámicos funcionaban como velas de cera de abeja ya se había planteado hace años. En 2009, varios investigadores identificaron restos de cera calentada en el interior de algunos ejemplares, aunque otros especialistas rechazaron esa interpretación porque los bordes no presentaban hollín.

En el estudio actual, el equipo liderado por Sharon Zuhovitzky decidió comprobarlo con un experimento práctico. Las investigadoras fabricaron réplicas de los cornets, vertieron cera de abeja fundida en su interior e introdujeron una mecha de lino centrada. Después las encendieron en condiciones controladas.

La vela ardió de forma estable incluso mientras caminaban con ella en la mano y el recipiente protegió la llama del viento. Cuando la cera se consumió, las paredes no mostraban hollín. La mecha se mantuvo siempre en el centro gracias a la propia cera solidificada y no llegó a tocar la cerámica.

Ese detalle explica por qué los ejemplares arqueológicos no presentan marcas negras en los bordes y refuerza la identificación de los cornets como velas prehistóricas.

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