Dinamita y muerte: El error que hizo aparecer los Premios Nobel
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El ingeniero, químico, escritor e inventor sueco, Alfred Nobel, fue el artífice de que en 1895, haciendo caso a su última voluntad, se crearan los conocidos Premios Nobel, que se otorgan cada año en diferentes categorías a personas destacadas por sus trabajos en física, economía, literatura, computación, química o por la paz.
Pero la historia de estos Premios Nobel no es una historia de altruismo por parte del inventor sueco, más bien de redención con su persona.
Creador de la dinamita
Alfred Nobel nació en Estocolmo en 1833, creó la empresa Bofors, orientada a la producción de hierro y acero, que después desembocó en la venta de cañones y armamento a gran escala.
De las 355 patentes que Nobel tenía registradas, la que más fama y polémica tuvo, fue la invención de la dinamita que le supuso buenos ingresos ya que había creado un arma tan mortífera que las naciones de todo el mundo pagaban mucho dinero por tener este compuesto en sus ejércitos.
Fue en 1850 cuando comenzó a explorar este campo a raíz de su encuentro con Ascanio Sobrero, inventor de la nitroglicerina. Nobel, al que le gustara la invención y la exploración, y sobre todo, era un empresario con miras al futuro, quiso buscar la forma de controlar este compuesto para comercializarlo.
Fue en 1867 cuando, mezclando nitroglicerina y un material absorbente, la diatomita, junto con silicio, dio lugar a la dinamita. En su búsqueda por conseguir el compuesto perfecto se llevó por delante a su hermano pequeño, Emil Nobel, cuando en 1864 una explosión haciendo pruebas acabó con cinco hombres muertos en la fábrica, entre ellos Emil.
Rico, pero mal visto
Gracias a su invento, Alfred Nobel amasó una gran fortuna. En el momento de su muerte se estima que era de unos 33 millones de coronas, pero también se ganó las críticas de los periódicos de la época que consideraban «el invento más cruel de la historia» hasta el momento.
Un acontecimiento cambió por completo la mentalidad de Nobel, que no tenía ni esposa ni hijos. En 1888 su hermano Ludvig falleció, pero una necrológica en un periódico francés creyó por error que el muerto era Alfred Nobel y celebró su muerte titulando su obituario así: «El mercader de la muerte ha muerto».
Este obituario, que jamás ha sido encontrado, sirvió para abrir los ojos a Nobel que cambió de actitud por completo, y juró donar gran parte de su fortuna para premiar las buenas acciones de los hombres.
Gracias a esto, en su muerte, Nobel dejó la mayoría de su fortuna para crear los Premios Nobel y solo dejó una pequeña parte para su familia.
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