Los bebés que reescribieron la historia de los íberos: el ADN de 54 niños revela 600 años de secretos de la península ibérica
Esta investigación ofrece una explicación de los íberos, una de las culturas más influyentes de la Antigüedad
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A veces, los mayores descubrimientos vienen de cosas pequeñas. Un equipo internacional de investigadores ha logrado reconstruir más de seis siglos de historia de los pueblos íberos gracias al análisis del ADN de 54 bebés y niños enterrados entre los siglos VII y I a.C. en diferentes asentamientos del este y sur de la península ibérica. El estudio no solo aporta nueva información sobre los orígenes de este pueblo, sino que también permite conocer cómo vivían sus familias y cómo se relacionaban con otros pueblos del Mediterráneo mucho antes de la llegada de Roma.
Un viaje al pasado
Los restos infantiles forman parte de una fuente increíble de información para los arqueólogos y genetistas. A diferencia de los adultos, los niños reflejan de forma más directa la forma genética con la que nacieron. Gracias a técnicas avanzadas de secuencialización genética, los científicos han podido analizar el ADN de 54 menores procedentes de varios yacimientos arqueológicos vinculados a la cultura íbera.
Este estudio ha permitido reconstruir la evolución genética de estas poblaciones durante aproximadamente 600 años, un periodo marcado por intensos intercambios comerciales con fenicios, griegos y cartagineses. Sin embargo, los resultados muestran que, pese a la llegada de influencias culturales extranjeras, la población local mantuvo una continuidad biológica.
Una cultura muy cambiante
Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio es que la transformación cultural de los íberos no estuvo acompañada por grandes movimientos migratorios. Durante décadas, algunos investigadores plantearon que la aparición de nuevas costumbres, tecnologías y formas de organización social podía estar relacionada con la llegada de muchas tribus procedentes del Mediterráneo oriental.
Sin embargo, los datos genéticos apuntan a una realidad muy diferente. Las tribus locales adoptaron innovaciones culturales y comerciales sin experimentar cambios significativos en su composición genética. En otras palabras, las culturas viajaron mucho más que las personas.
El ADN también ha permitido identificar vínculos familiares entre algunos individuos enterrados en los mismos asentamientos. Estos hallazgos ofrecen una valiosa oportunidad para comprender cómo se organizaban las comunidades íberas y qué papel desempeñaban en su estructura social.