Los arqueólogos no dan crédito: aparece en Jerusalén un sello bíblico de hace 2.600 años con una huella intacta
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A veces los mejores hallazgos arqueológicos son los nacidos de la casualidad, y esto es lo que ha ocurrido con un sello bíblico datado hace más de 2.600 años, que ha aparecido en Jerusalén.
Lo curioso es que ha sido descubierto entre fragmentos de cerámica y restos olvidados, por lo que en un primer momento se consideró un simple trozo de barro. Sin embargo, contenía una pequeña inscripción bíblica y una huella dactilar todavía visible.
El tesoro se habría perdido para siempre si no fuera porque durante un trabajo de clasificación del Temple Mount Sifting Project, un arqueólogo se dio cuenta del verdadero valor de la pieza: tenía inscrito el nombre del rey Josías.
Los arqueólogos encuentran un sello bíblico en Jerusalén
Sólo se trataba de un trabajo rutinario, pero la pequeña pieza de arcilla que encontraron los arqueólogos en Jerusalén tenía mucho más valor, ya que tenía letras talladas con una precisión asombrosa.
De hecho, pese a que el sello tiene más de 2.600 años de antigüedad, todavía era posible leer una antigua inscripción en alfabeto paleohebreo: «Perteneciente a Yed[a‛]yah (hijo de) Asayahu».
Para el común de los mortales esos nombres antiguos no tenían un gran significado, pero los historiadores se llevaron las manos a la cabeza. Quienes conocen la historia bíblica saben que Asayahu fue un sirviente del rey Josías, uno de los monarcas más importantes del antiguo reino de Judá.
Todavía no han podido confirmar si se trata del mismo personaje, pero el paralelismo da pistas de ello, sobre todo teniendo en cuenta que el hallazgo proviene del Monte del Templo, el centro político y religioso de aquella época.
No es el primer sello de estar características que encuentran los arqueólogos en Jerusalén. Eran conocidos como bullae y se usaban para cerrar sacos, vasijas o cofres.
Es decir, actuaban como una garantía de que el contenido no había sido manipulado. Sólo quienes tenían cierta autoridad podían dejar su firma en arcilla.
El sello encontrado por los arqueólogos en Jerusalén tiene una huella dactilar
El sello ya de por sí tiene un gran valor, pero lo que le convierte en una pieza única es que en la parte trasera tiene una huella dactilar perfectamente conservada.
No es una simple marca; es el rastro físico de una mano que trabajó en Jerusalén hace 2.600 años. Los más optimistas piensan que podría ser del propio Asayahu.
En todo caso, lo que no dudan los arqueólogos es que perteneció a una persona de hace milenios. Es decir, un gesto tan rutinario como coger el sello quedó atrapado en el tiempo.
Pocos tesoros arqueológicos consiguen demostrar ese nivel de humanidad. La mayoría son objetos incompletos o anónimos. Pero aquí hablamos de un sello entero, con la letra visible y una huella única.
Encontrar piezas antiguas intactas es raro. Por ello el nuevo objetivo de los arqueólogos es mantener el tesoro en el mejor estado de conservación. Con ese fin se han apoyado en fotografía avanzada para crear una copia digital antes de que la arcilla se deteriore.
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