Parece una empanada cualquiera, pero este suculento manjar de calabaza es uno de los postres más tradicionales de Aragón
Aragón tiene dulces tradicionales increíbles, pero hay uno que llama la atención por no ser lo que parece. Por supuesto, hablamos del empanadico de calabaza. Parece una empanada humilde por fuera, pero tiene un sabor único.
Y es que lo más importante de este postre está en el relleno, ya que está hecho a base de calabaza, azúcar, canela, pasas y piñones. Aunque es típico de toda Aragón donde más se come es en Huesca.
Lo más curioso es que nació como una receta familiar, pero ha acabado instaurándose en los hornos y cada vez es más común comerlo todo el año, aunque tradicionalmente era un dulce de Navidad.
El empanadico de calabaza: el postre de Huesca que parece una empanada
Hay manjares que sólo disfrutan los aragoneses, pero el empanadico ni siquiera abarca tanto territorio. Aunque es conocido en toda la región, donde todavía lo mantienen vivo es en Huesca.
Eso sí, no en todos los pueblos llaman a este postre de la misma forma. En algunos lugares se llama empanadón; en Barbastro y buena parte del Pirineo oscense recibe el nombre de pastillo; y en la Franja también se usa panadó.
Pero siempre es una masa muy fina que se estira, se rellena y se dobla sobre sí misma. El resultado se parece a una empanada, pero su función es otra. Aquí no manda un relleno salado, sino una mezcla dulce y sabrosa.
De todas las opciones para rellenar el empanadico la más famosa es la calabaza. La hortaliza se corta muy fina y se combina con azúcar, canela, pasas, piñones y un toque de aceite.
Después en el horno, la calabaza se ablanda hasta quedar casi como una compota. La masa debe quedar tostada, pero sin quemarse. Esa es parte de la gracia del empanadico: el borde cruje, el centro conserva la humedad del relleno y la superficie puede terminar ligeramente caramelizada.
Qué hizo que el empanadico de calabaza se convirtiera en un dulce tradicional aragonés
El empanadico tiene mucho que ver con la cocina de aprovechamiento y con la vida rural del Alto Aragón. Como ocurre con muchos platos ligados a la comida de subsistencia, el objetivo era aprovechar los recursos al máximo.
Eso hacía que la calabaza fuera el producto ideal, ya que se recolectaba en otoño y podía durar meses si se conservaba bien. Por eso era habitual usarla en invierno, cuando este dulce cobraba especial importancia.
Eso hizo que este postre aragonés quedase ligado a la Navidad y, especialmente, a la Nochebuena. No obstante, ahora se puede comer cuando quieras.
Otros dulces aragoneses que debes probar al menos una vez en la vida
Aragón tiene una tradición gastronómica por descubrir, especialmente en el terreno de lo dulce. Por ejemplo, otro manjar olvidado es la Trenza de Almudévar.
La trenza de Almudévar se preparó por primera vez en la Pastelería Tolosana del pequeño pueblo de Almudévar, en Huesca. Entonces eran los años 80, pero desde esa época no ha parado de coger fama.
No es para menos ya que hablamos de un bollo de hojaldre fermentado, lo que le da una textura inigualable. Lo habitual es rellenarlo con nueces almendras y pasas, aunque cada vez se hacen versiones más atrevidos.
Por ejemplo, puedes comprar versiones de la Trenza de Almudévar con crema pastelera, lo que le da un toque más suave y cremoso al morder. Eso hace que guste especialmente a los niños pequeños.